Somos básicamente un conjunto de alimañas oportunistas repletos de
dogmas aceptados socialmente en un contexto autodestructivo.
No hay mucho más. Por
mucho que se quiera, en general somos alimañas convenidas en todos los planos:
económico, social, emocional, etc.
Yo me retiro del camino.
Me bajo de este tren en
el que me subieron sin mi permiso. Yo voy a seguir al conejo blanco. Igual me
lleva a un lugar peor, pero más vale lo malo desconocido que...
Yo voy a seguir a ese
conejo saltarín de risa esquizofrénica que aventura sensaciones.
A ese personajillo que
te introduce a un mundo lleno de altibajos. Sí, has leído bien, Altibajos. ¡Basta
ya de estar plano!. Basta ya de encontrarme con gente que murieron con 30 y lo
enterrarán con 90. Planos, lisos, sin matices ni ilusiones. Solo con su
caminito bien definido, con su nombre, su escudo del Betis, su medalla de la
esperanza de Triana y otro montón de sin sentidos bien definidos nada más
nacer.
Dicen ser libres
sin nunca preguntarse nada. Dicen ser
libres sin nunca antes atreverse a soñar.
Somos básicamente un conjunto de alimañas oportunistas repletos de
dogmas aceptados socialmente en un contexto autodestructivo.
Yo me quedo en Nunca
jamás. Me quedo con mi ansiedad, con mis demonios, con mis torturas mentales.
Todo es la cara B de mis sueños, mis alegrías, mis caminos a Lothlórien, mis
conversaciones con Tom Bombadil, mis viajes en busca del tesoro de Willy el
tuerto. Yo me quedo con mi sensación de vacío, con mi dolor existencial, con
mis crisis de fe, mi sensación de soledad entre mucha gente. Todo es la cara B
de mis viajes a Felicitinalandia, a rascar en el almita de mucha buena gente,
soñadora que aún queda en estos lares. Es la cara B de un abrazo de los de
verdad, de un sueño del que te despiertas llorando de alegría. Yo asumo el
precio a pagar por no estar plano, asumo la onda seno en todo su abanico de
frecuencias. Para ti la recta constante paralela al eje X. Sigue seguro en tu
zona de confort emocional. Moriste con 30, te enterraran dentro de 60. Sigue en
ese mundo de salvajes estructurados en un sin sentido vital. Yo, me quedo en
Nunca jamás. Yo seguiré persiguiendo al conejo blanco. Yo seguiré soñando con
tesoros escondidos y princesas en castillos.
Somos básicamente un conjunto de alimañas oportunistas repletos de
dogmas aceptados socialmente en un contexto autodestructivo.
Yo me quedo amarrado a
ese diente de león que se desvanece con el viento. Yo asumo lo efímero de su
esencia. Yo me quedo con la sonrisa de la Gioconda, misteriosa e inquietante.
Me quedo con un mundo de piratas, con un mar cambiante y poderoso que nos
amarra con el mundo. Me quedo con la inmensa seriedad que tienen los niños
cuando juegan, con las caricias de un abuelo, aunque sepa que pronto fallecerá.
Pero no pasa nada, tú
sigue en tu oleada borreguil. Sigue plano, sin vaivenes. Maravilloso trabajo
asegurado y muebles del Ikea. Disfruta
de ese atasco, tú ya decidiste. yo iré
por el carril bici en busca del conejo blanco. A ver quien veo, a ver que
siento.
En el mundo de las sirenas el desasosiego es un paradigma
desconocido.
En el mundo de las sirenas la fantasía es el aire, la tierra
el agua, la prisa la calma.
En el mundo de las sirenas el tiempo se mide en oleajes, la
dirección en horizontes.
En el mundo de las sirenas el pasado no consta en el
presente, el futuro no existe.
En el mundo de las sirenas el viento es el alimento.
En el mundo de las sirenas tus notas desparramadas en la
papelera del estudio son el combustible para la vida.
En el mundo de las sirenas tus ilusiones son sus habitantes,
tus penas sus vacíos.
En el mundo de las sirenas...
Raúl contempla la fuerza del mar desatada contra los
cubículos naturales del arrecife. Ana y Fran lo esperan en el mirador. Solo
Raúl esta tan loco como para aproximarse a probar la temperatura del agua en una
tarde, de viento descontrolado, como aquella.
La mirada de Raúl intenta abarcar la mayor extensión posible
de un sopetón. El alma se le para. En ese
momento nada importa. Nada, absolutamente NADA. Solo el mar, un millar
de sirenas escondidas de ojos curiosos y cinco peñascos en el horizonte. El
aire sacude el torso de Raúl, le infla los pulmones y algo mas ahí dentro. El
aire invade una parte de Raúl más allá de su sistema respiratorio. El aire
nutre a Raúl de una energía ancestral que hace toma de tierra con el mundo.
Dicen que con el pasar de los años el hombre se ha encargado
de transformar el mundo para adecuarlo a sus necesidades. El problema es que
esas necesidades no son tales, y al modificar la Tierra nos alejamos de ella.
Este razonamiento invade a Raúl mientras contempla el poder del mar. Si no,
por qué será que cada vez que me acerco a la naturaleza mi paz se acentúa y mi
felicidad le da la mano para que caminen juntas. Juntas avanzando hacia el
destino de trasmitir esa felicidad a cuantos me rodean.
El arrecife sonríe a Raúl con esa sonrisa que ilumina el
alma. Con esa sonrisa que detiene conversaciones. Con esa sonrisa que posee la joven
a la que amas. Con esa sonrisa que te regala desinteresadamente un niño
desconocido agarrado a la mano de su mamá,
mientras esperas la cola del supermercado. Esa sonrisa que ilumina el
bar cuando Ana aparece por la entrada cada jueves con sus labios tintados en
rojo. Esa sonrisa que solo tiene ella, esa alma alegre a la par que perturbadora
que te hace olvidar los desastres de tu vida, que te hace centrarte en el
presente y dejar de tragar alcohol, para poder saborear mejor sus labios
arqueados, sin ni siquiera tocarlos.
Esa sonrisa está en el arrecife, impregnando a Raúl. Quizás
sean las sirenas desde su escondrijo secreto, preparadas para cautivar al joven
soñador. O quizás la violencia del viento está empezando a enloquecer a Raúl y
confunde al arrecife con ella. Con esa noche en aquella habitación donde lo
húmedo no era el mar, donde el viento no era lo que zarandeaba su corazón, donde
la sonrisa no venía de sirenas sino de ella.
El arrecife sonríe descarado advirtiendo a Raúl de que se
acerca a la esencia plena.
- Vamos Raúl, que te vas a quedar "to trincao"
tanto mirar a las olas.
Fran avisa a su amigo para que vayan camino de vuelta.
Solo
unos instantes con la sonrisa del mar han bastado para anestesiar los demonios
de Raúl. A Raúl nunca se le ve preocupado, nunca triste. Quizás ese sea su
secreto, alimentar su alma de vez en cuando para obtener el fuel necesario para
su misión vital: regalar retazos de felicidad a cuantos le rodean. Quizás su
secreto esté en buscar un estado de limerencia cercano a la locura y enfocado a todas las actividades
de su vida, a su pulso vital, a su compás a contratiempo que se aleja de un
mundo sistematizado y algorítmico.
El tiempo de Raúl ya no se mide en horas y minutos, ya no en
días ni en meses. El tiempo de Raúl se mide en los espacios que hay entre una y
otra aventura. El tiempo de Raúl se mide en el número de partidas de rol en
vivo que ha jugado. El tiempo de Raúl se mide en los besos por los que ha
naufragado. El tiempo de Raúl se mide en el número de veces en el que sus sentimientos
evaluados en su corteza prefrontal hace que su energía aumente por la cantidad
de dopamina segregada. Su tiempo es aquello que trascurre entre sonrisas
iluminadoras que recibe de seres de fantasía traídos a su mundo y que
últimamente vienen vestidas de rojo y huelen a perfume de mujer.
Numerosos experimentos indican que el alma humana pesa 21
gramos exactamente. Científicos y médicos interesados en el tema, pesaban a
pacientes moribundos antes del fallecimiento y justo después de que se transformara
en finado. La diferencia de peso era siempre de 21 gramos. Da que pensar.
Algunos achacan esos 21 gramos a proceso neuronales que provocan un campo
electromagnético que en consecuencia produce cierta masa. Tras la muerte
cerebral del paciente (muerte clínica bajo muchos baremos) ese campo deja de
funcionar y en consecuencia, desaparecen esos 21 gramos. Pero esa hipótesis es
solo eso, un hipótesis. Algunos nos decantamos por el simple hecho de que
existe una pérdida de masa tras la muerte, y que a esa masa le podemos llamar
X, o tal vez Alma.
Vamos!, una más, ya casi
has terminado.
Vamos! empuja, si no puedes tú, nadie va a hacerlo por ti.
El alma de Fran parece hablarle desde el país de Nunca jamás.
Los músculos del hombro y pecho de Fran se tensan. Las
mancuernas bambalean a ritmo de vals. Un movimiento oscilatorio armónico simple
hace redirigir la estructura neuromuscular de Fran mientras torea ese par de
mancuernas de 45 kilos. el banco plano no miente, no deja dudas. Las personas
te pueden fallar, pero dos mancuernas de 45 son SIEMPRE dos mancuernas de 45.
Se establece una relación sincera entre las mancuernas y
Fran. Ellas saben el poder que tienen, en lo que te pueden convertir, en lo que
te pueden destrozar. Fran las sostiene encima de sus cuadriceps, se dispone a
hacer press mancuerna en plano. El primer paso es el más difícil, tumbarse y
subirlas hasta arriba. Mucho puede fallar, si el hombro falla, tu cara es víctima
de un mancuernazo, olvídate de nariz y paletas. Si sufres una distensión
muscular, tu pecho se desgarrará dejando una bonita cicatriz.
No pasa nada, le susurra esos 21 gramos a Fran desde a
dentro. Tú puedes con todo, si no puedes con esto, ¿cómo pretendes poder con el
peso de tu vida?
Fran las aprieta fuerte, se
mira al espejo. Una gota de sudor le recorre la frente. Yo puedo con
todo, soy una hoja al viento, nada me
puede parar. Pega un empujón se tumba acompañando a las mancuernas con las
rodillas. Ya están arriba. Lo peor ha pasado, ya es mío. Nada me puede parar.
El alma de Fran se acelera. Esos 21 gramos pueden con los otros 4500 gramos en
cada mano. Tiras desde dentro, empujas desde todo tu ser.
Abajo.
Arriba.
Una repetición. Ya es mío. Puedo con esto y con todo lo que
me echen. Las venas del hombro sobresalen saludando al techo. La cabeza de Fran
se enciende en rojo. La adrenalina se dispara. Un pico de insulina circula por
su sistema.
Mis brazos son dos hachas. Dos barriles en llamas a punto de explotar.
Nada me puede parar, le repite reiteradamente esos 21 gramos.
Sube y baja el lastre 2 veces más. Después de eso Fran se
vacía. Dos mancuernazos al suelo.
Resopla, coge aire, bebe algo de agua. Te lo has ganado,
eres un puto animal, nada te puede parar. El alma de Fran le susurra... Ya
pasó, ya lo has conseguido. No tienes que demostrarle a nadie nada más, solo a
ti mismo. Ni siquiera a ese insolente ciclado que te mira de reojo. A ese que
se mira al espejo 15 veces antes de hacer un ejercicio. A ese que no sabe que
tú no lo haces por tener un físico apolíneo, si no por curar tu alma. Ese que
no sabe que para curarte por dentro, la única herramienta que tienes es
intentar curarte por fuera y esperar a que algo llegue a través del pecho. Tú
ponte fuerte por fuera, algo llegará hasta esos 21 gramos.
Muchos te critican. No entienden que esta terapia es lo
único que conoces. El poder del acero lo llaman. Es fácil amar a un chico
fitness que imparte clases de zumba. Pero solo algunos están preparados para
amar al acero, a los 45 kilos que nunca mienten. Solo algunos están preparados
para amar el caos y la decadencia.
Fran recorría un mar de sensaciones mientras paseaba por la
Macarena, una mañana fría de primavera en la que se aventuró a echar
currículums en papel empresa por empresa.
Junto a la puerta de un banco se cruzó con un "sin
hogar" fabricando artesanía con sus manos. Unos coquetos avioncitos hechos
de latas de refresco circundaban a Prudencio, que así se hacía llamar este
artesano de la calle. Fran se acercó, le dejó 50 céntimos y se aventuró a
hablar con él. Las manos de Prudencio encalladas como solo los hombres de
antaño conocen, manejaban grácilmente una tijera con el mango roto.
- ¡Buenos días! Lindos avioncitos.
- ¡Buenos días muchacho!. Sí, son guapos. Hasta las hélices
funcionan. ¡Jejejeje!
- Mi nombre es Fran, encantado.
- Yo soy Prudencio. Siéntate Fran, que te veo con cara de
col pachucha. ¿Qué te pasa hombre? Un joven con tanta energía no tiene derecho
a estar con un semblante triste. ¡Jejejeje! si quieres estar triste te tienes
que meter a pobre como yo ¡Jajajajaja!
- ¡Jejejeje! No me pasa nada Prudencio solo que llevo una
temporadilla desmotivado con todo en general. Pero ya voy "parriba".
- Bueno tú mismo muchacho. ¿Me dejas darte un consejo?
- Por supuesto, es lo mejor que puedo escuchar en un día
como hoy.
Las arrugas del rostro del "sin techo" se marcaban
en un intrincado mundo de sombras y reflejos. La luz de su mirada reflejada
demasiado vivido. Demasiado vívido para una persona sola, en una sola vida.
- Verás, siempre me han dicho que soy medio brujo, porque
puedo leer en los ojos de los demás los reflejos de su alma. Y en ti veo una
pesadez innecesaria. Yo no quiero saber de tu vida hasta el momento. Aunque sí
me gustaría encarrilarla desde hoy hasta que te vayas para no volver.
- Interesante Prudencio. Dispara.
- El secreto está en que cuando morís, del otro lado no hay
ni cervezas ni tetas, así que empieza desde hoy.
- Jajajajajaja. Me gusta como piensas. Ahora vuelvo, un
segundo.
Fran se acercó a una tiendecita de al lado. Al regreso para
ver a Prudencio, le acompañaba un litro de Cruzcampo frío.
- Bueno Prudencio voy a seguir tu consejo. Las tetas
intentaré buscarlas este viernes, de momento compartamos la cerveza. ¡Jajajajaja!
- ¡Jajajajaja! Maravilloso Fran. Aunque siento no poder
acompañarte. Hace mucho que no bebo. Pero yo te acompaño con mi gasolina.
Prudencio sacó de una mochila sucia una botella con lo que
parecía agua con algún tipo de infusión. Los dos sentados bebían a las 11:30 de
la mañana. Los roles sociales parecían cambiados. El "sin hogar"
bebía una infusión y estaba feliz y el joven bebía cerveza y parecía triste.
Aunque eso a Fran no le importaba. Parecía muy interesado en escuchar a
Prudencio.
- A ver hijo. Hubo un tiempo en el que pasé mucho tiempo con
un pesar parecido al que veo en tus ojos. Antes de que pases por todo el
proceso, te voy a dar algunos atajos por si te ayudan.
- Mis oídos son tuyos.
- Toda mi vida he sido mecánico de máquinas industriales.
Llevaba una línea de producción. Nunca estudié, pero era especialistas en mis
máquinas. Las conocía mejor que a mí mismo. Cada detalle, cada troquel, cada
cadena, cada engranaje.
Todas esas máquinas tenían una bombilla roja encima. Cuando
algo iba mal, la luz se encendía. Señal inequívoca de que alguna avería
ocurría. En esos casos, me enfundaba mis guantes y me disponía a acariciar a
una de esas preciosidades para que volvieran a trillar, taladrar, empacar o
fresar alguna pieza. En pocas horas la avería quedaba resuelta y la luz de
emergencia se apagaba. Los ingenieros de la fábrica me menospreciaban por mi
falta de estudios y me decían el ApagaLuces. Aunque bien sabían que el
ApagaLuces les salvaba el culo en más de una ocasión a esos tontos con letra,
engreídos y sin respeto por la mano obrera.
En esos años, tras un accidente de tráfico, mi mujer y mi
única hija fallecieron. Fue la primera vez, que no la única, que aprendí lo
violenta y no negociable que es la muerte.
El dolor vino a mí como cuando una ola te rompe en la cara.
Tomaba Prozac a garrafas. Los aderezaba con vino barato y no tardé en perder mi
trabajo y la ilusión por ver el sol. El dolor te lleva al sótano 4 de la
oscuridad. Pero allá en lo profundo a veces hay ventanitas. Aunque estas, las
descubrí mas tarde.
Como consecuencia de mi estado, me vi en la calle. Aunque la
historia es más larga y compleja, eso ahora no trasciende. La cuestión es que empecé
a prepararme para la muerte. Sabía que en cuanto aunara fuerzas me iría al otro
lado a buscarlas a las dos. Así, pensé... bueno ya que me voy a quitar la vida
de aquí a poco, porque no intentar dejar este mundo un poquito mejor de como lo
encontré.
Empecé a ayudar a todos los que podía. Iba a los comedores
sociales y repartía mis mantas y comida entre otros compañeros de la calle.
Apenas comía, pasaba frío, pero eso no importaba. El camino para prepararme
para la muerte empezaba a surgir.
Conocí a muchos. Escribía poemas para niños enfermos de los
hospitales del centro. ayudaba a dos ancianos a hacer las compras de la semana
y se las llevaba a sus casas. Siempre me querían pagar, pero yo les decía que
la limosna de la semana me la guardaran en un bote. Cada mes me daban el bote.
Con el dinero recaudado compraba cupones y loterías y las regalaba a cada
pareja de enamorados que veía por Triana. Cada mañana, barría el suelo de los
alrededores del banco donde dormía. Daba cariño a los perros callejeros y
echaba trozos de pan a las palomas. Contaba chistes a los barrenderos más
serios para que su mañana se iluminara.
Poco a poco todos en el barrio me conocían por el
ApagaLuces. Descubrí que existen muchas más luces rojas que apagar en las
calles que en las máquinas de mi antigua fábrica.
Lo curioso de todo esto, es que mientras me iba preparando
para la muerte, fui recobrando la ilusión por quedarme aquí y esperar paciente
a que me toque ir del otro lado, en el que ya te he adelantado que no hay ni
cervezas ni tetas. ¡Jejejejeje!
Por lo que sin saberlo al intentar prepararme para la
muerte, realmente me estaba preparando para la vida. Mi día a día mejoró. Dejé
de tomar antidepresivos, dejé el alcohol y decidí convertirme en el ApagaLuces
de mi entorno, mientras pudiera. Ahora vivo feliz con mis miserias. Ya que por
dentro me siento muy rico. He encontrado mi camino. Intento que todo el que me
escuche encuentre el suyo. Porque la verdadera desgracia de este mundo es que
hay muchos que teniendo de todo no se tienen a ellos mismos.
Hoy Fran tú eres mi bombilla roja. Espero haberla apagado.
jueves, 20 de agosto de 2015
Capítulo 9: "La habitación"
No hay nadie más en la casa, solo ella y tú, pero sin
embargo habláis bajito. Incluso cuando salís a la calle seguís hablando bajito
por unos segundos. Hasta que ella te dice "ya podemos hablar normal"
y reís como cuando pequeños.
Es como si quisierais acariciar con todo vuestro ser. Con
tanto, que hasta necesitáis acariciar también con las palabras. Un "¿cómo
estás chica?" después de hacer el amor, no suena igual si no se susurra.
Has de acariciar el alma con las palabras.
Dicen que las palabras crean realidades al ser pronunciadas.
Y la realidad que quieres hacer patente en ese momento es una caricia al
corazón.
"Guaaaauu... no quiero que este momento se acabe nunca."
Susurra Ana al oído de Raúl. Ana lo abraza por debajo de las costillas y lo
aprieta fuerte.
El ecosistema de la habitación está formado por la cama de
la compañera de piso de Ana. Una botella de vino a medias, tres velas, un
barrita de incienso ya acabada, un espejo sobre una vieja cómoda y un póster de
la película El club de la lucha. La
habitación huele al amor derrochado durante toda una noche. Una noche de sexo,
caricias, charlas al oído, risas, masajes, besos y abrazos. Sobre todo besos y
abrazos.
La compañera de piso de Ana estaba de viaje. Cuando Raúl y
Ana subieron al piso, Ana decidió utilizar la habitación de su amiga, ya que
tiene una cama de 1,60 del Ikea. La cama de Ana es individual. Tampoco le
importaría mucho a su compañera. Igual ni se lo cuenta.
Tras una noche y parte de la mañana, la habitación se
convierte en el mundo de ambos. No necesitan más nada de allí afuera. De hecho,
ansían que no exista nada más. Solo ellos dos y la habitación. Bueno, ellos
dos, la habitación, las señales de los mordiscos de Ana en el trapecio de Raúl
y el sudor en las sabanas.
Tan solo una pequeña pausa para ir al servicio y traer algo
de agua y a seguir viendo el amanecer abrazados, por si al levantarse todo se
acaba. Al fin y al cabo son nada más que amigos. Igual después hay una charla
de las de "...en verdad no ha sido buena idea.." , "...no quiero
que nuestra amistad se vea afectada..." o "...ha sido increíblemente
mágico, pero no quiero que los sentimientos empiecen a estropearlo todo...".
Por ende abrazan ese momento sin plantearse mucho más. Lo de después ya llegará
si cabe.
La tarde anterior Raúl acudió a la casa de Ana. Ana Había
preparado una cena de viernes aprovechando que tenía el piso para ella sola.
Invitó a algunos amigos, entre ellos a Raúl y Fran. Fran no acudió. Su escusa
fue que estaba en la cama demasiado relajado por los calmantes. Según planteaba,
se tomó un par de Diazepam de 5 mg porque tenía una fuerte contractura en la
espalda fruto de su entrenamiento. Aunque sus amigos sabían que probablemente no
serían dos píldoras de 5 mg, más bien dos de 10 mg y un vaso de whisky con
objeto de apaliar su ansiedad esporádica y no como remedio a un problema
muscular. De igual forma respetaron su momento y no insistieron en que fuera a
la fiesta. Durante el fin de semana Ana sabía que le tocaba visitar a Fran y
sacarlo de la cama. Pero esta noche era demasiado tarde. Si Fran usaba la
escusa de la contractura, significaba que los calmantes ya habían hecho efecto.
Ya debía estar en la cama drogado, escuchando a Ludovico mientras meditaba y se
quedaba dormido por doce horas.
Después de la cena, Ana ofreció a sus invitados un postre
con nata y fresas. A Raúl, le puso una fresa de más. Parecía que el postre
auguraba algo más. El postre ya decía: para ti Raúl te pongo una fresa más, por algo será.
Tras una sobremesa distendida con charlas
metafisico-sociales, el grupo se dispuso a quemar la noche sevillana. El aroma
a azahar atesoraba el ambiente. Los bares de la alameda ofrecieron un paradigma
ideal para beber, reír y sentir.
A la salida de uno de los barecillos preferidos por Ana,
Raúl le cogió la mano como solía hacer con todas sus amigas a modo de caballerosidad.
Pero en ese momento Raúl percibió algo distinto. Una leve caricia entre sus
dedos emergía de Ana. Esa caricia decía más que toda la enciclopedia británica.
A la entrada del siguiente bar, no se pudo aguantar más.
Abrazó a Ana por la cintura y la besó. Sus labios se saludaban en señal de
consentimiento mutuo. Parecía que una olla en ebullición empezaba a calmar sus
aguas. Las burbujitas dejaron de crepitar, el agua ya en calma, el vapor ya en
el techo. Por fin me quitaron la tapa y apagaron el fuego.
El beso se extendió por más de 5 minutos. Hacía tiempo que
Ana no besaba tanto rato, ni con tantas ganas. Una pequeña pausa. se miran a
los ojos, se ríen. Esto no puede ser, piensan. Pero es. Y es bien rico.
El beso dio paso al resguardo en el hogar de Ana. A una
noche y una mañana en una habitación prestada sin saberlo. A una habitación que
sostiene a dos almas que se abrazan al amanecer. A dos almas desnudas que se
miran en el espejo de la vieja cómoda. Y que piensan "Pues no quedamos nada
mal juntos".
Ana es otra
tú y otra yo, pero mejor que ambos. Ana consigue congelar el tiempo cuando anda. Ana aromatiza la sala allá donde va. No suele usar perfume, pero su pelo huele a coco. Su
risa inciensa a gominolas, de esas de cuando pequeño. ¿Te acuerdas cuando
comprabas 20 duros de gomitas en el quiosco y olías la bolsa nada más cazarla
del quiosquero? Así huele Ana. Así exhala su boca, su cuello. Hasta su mirada huele a chucherías. Ana no suda, segrega felicidad, porque tiene demasiada
acumulada y por algún lado tiene que rebosar. Cuando sale de fiesta, Ana es una tormenta en la noche.La mirada de Ana es un huracán que te taladra desde el
pecho hasta detrás de los riñones. Ana es medio litro de Nestea con hielo y una rodaja de
limón en una mañana de resaca. Ana es otra
tú y otra yo, pero mejor que ambos. Ana es el estribillo de tu canción. Ana es el armónico de tu guitarra ESP Alexi Laiho signature
recién afinada, que hace que tiemble el puente, que se doble el mástil, para
sacarte esa energía desde dentro. Ana es el plato preferido de tu batería. Más aún, es el
sustain de ese plato, un crash-ride de 18 pulgadas, que se mantiene en el
tiempo con ese sonido cálido y abrazable y escuchado en "slow motion"; y que puedes sentir como se deforma gracilmente para después volver a su estado normal. Ana es una gota en un estanque sereno. Ana es el cogollo central de la planta que llevas 7 meses mimando. Ana es el primer sorbo de café a la mañana. Ana es un mate con agua a 80º, justo antes de que hierva, con
yerba humedecida con un poco de agua natural. Ana es la última calada que respiras profundo antes de
acostarte. Ana es otra
tú y otra yo, pero mejor que ambos. Ana tiene una melena azabache que danza a su paso. Ana Tiene una cicatriz en su hipnótico labio superior,
fruto de una pelea en el instituto, que luce con sarcasmo y orgullo. Muy lejos
de acomplejarla, adorna su marca con estilo y personalidad. Ana siempre dice "Muestra
tus muñones, son parte de ti. No los escondas para encajar mejor, haz que el
mundo encaje con ellos. Tus marcas son bonitas. Los jarrones chinos se
restauran con oro y plata para realzar sus roturas, en vez de esconderlas, son
dignas de superación. Hay que mostrarlas con orgullo" Ana se pinta los labios de rojo. Se sombrea los ojos de
negro. Ana se encaja un vestido sueltecito. Un vestido negro con
escote, sin mangas, que la abraza hasta una cuarta por encima de las rodillas. La columna de Ana está tatuada con una enredadera que le
asoma por el cuello. Ana esgrime pulseras hechas con semillas. Adornan sus
muñecas y tobillos y "repampanean" en su caminar. Ana tiene unos huequitos en sus caderas que hace temblar a
todo aquel que se arriesgue a mirarlos. Ana es de libido sensible. No es una golfa, solo sabe lo
que quiere y como lo quiere y no se acompleja por el que dirán. Ana es otra
tú y otra yo, pero mejor que ambos. Ana es el atardecer en las playas de Conil. Es el primer buche de una cerveza helada después de 4 horas
paleando al lado de una hormigonera bajo un sol torturador. Ana te regala una hermosa sonrisa. Te contagia. tú sonríes,
y cuando tú sonríes el mundo sonríe contigo. Ana te coge del brazo y te saca de esa pelea que sabe que
está a punto de suceder. Y después te golpea ella. Pero su tortazo te abriga y
enseña más que los cuatro botellazos que te acaba de ahorrar de un mastuerzo
borracho. Ana es otra
tú y otra yo, pero mejor que ambos. Ana sabe escuchar. Nadie sabe escuchar como ella. Cuando tú
estás mal, buscas a Ana. Ella te dice "Imagínate con 90 años al lado de tu
chimenea, sereno, echando la vista atrás y te ves ahora con 30 dándole vueltas
a la cabeza por nimiedades ¿cómo te sentirías?" Ana es la calma que necesitas cuando tu alma se
desestabiliza. Es el empujón que necesitas cuando te paras. El frescor cuando
sudas, el abrigo cuando tiemblas. Ana te da un abrazo de los de verdad cuando lo necesitas y
no duda en solicitarte uno si es ella la atormentada. Ana es ese sentir que nos hace lagrimear como una niña. Ese
sentir que nos saca una carcajada que nos parte los riñones. Ese sentir que nos
hincha como un pez globo. Esa es Ana. Ana es otra
tú y otra yo, pero mejor que ambos.
- ¿Y si nada más llegar la gente,
lo primero que ve es un maravilloso árbol que da litros de cerveza fresquitos?
- Ostía! eso sería brutal!. Pero
veo un problema Raúl.
-Dispara.
- ¿Cómo ponemos los litros
colgados del árbol para que parezca que el árbol los da cual manzanas?
- Colgados con cuerdecitas.
- Ya, pero pesan mucho. Pueden
tronchar las ramitas.
- Jummmm. Cierto... Ya está!, va
a ser un árbol de botellines fresquitos.
- Eso sí. Qué maravilla!
- Sí, hay que enfriarlos bien y
poner unos cuantos para recibir a la gente. Llegan pillan el suyo y a beber.
Raúl cumpliría 30 el próximo
Viernes. Y la quería liar bien grande. Organizar algo que todos recordaran. Que
se clavara en los sueños de todos. Que esos 30 años se inmortalicen como los
lanzazos de los espartanos. Que se parta el tiempo y el espacio y solo quepa
respirar felicitina a garrafas.
Si de por sí, Raúl tiene la
capacidad de convertir en leyenda cualquier reunión casual, sus fiestas eran
apoteósicas. Se le ocurrían cosas relocas y mágicas que solo una mente, fruto
de la combinación de un niño sueñerino con la de un esquizofrénico harto de
LSD, puede maquinar.
Sus fiestas normalmente se
realizaba en la residencia de sus padres, que todos conocían como "La
parcela". Un lugar que invitaba a recordar paisajes del bosque de Lothlórien
de "El señor de los anillos".
Nada malo podía ocurrir en ese lugar. Árboles frutales, césped, enredaderas por
los muros, infinidad de rosales y macetas y por supuesto alguna que otra planta
de marihuana de la cosecha de Abril. Una pajarera de madera con asientos
"chill out" para relajarse. Bancos de madera cuyo interior sirven de
toalleros. Un juego de altavoces tamaño ve-preparando-los-oídos-y-el-retumbar-en-el-pecho.
Un pequeño huerto con tomates y lechugas. Una piscina con focos y una escalera
curva donde Raúl había enamorado a más de una. Un cobertizo con un techo
forrado de tejas de color rojo sangre, donde Raúl solía subir de noche como los
gatos, a observar las estrellas y fumar. Estos eran los trocitos de felicidad
que componían el entorno de las fiestas, entre otros rinconcitos únicos que
daban encanto a la residencia.
Raúl mandaba invitaciones
ingeniosas en papel envejecido con café, con los bordes quemados, por correo
ordinario a cada participante. Las sellaba con cera roja caliente. Incluía una
imagen abstracta de una mujer alcanzando la luna, o la de una gota de agua
sobre el cristal de una jarra de cerveza. Preparaba un "setlist" de
música que él mismo categorizaba como "música de buen-rollismo"
(normalmente Reggae, Ragga, Metal melódico y Funk). Colocaba monitores por los
muros para visualizar los videoclips. Sembraba la entrada a la fiesta con
antorchas encendidas. Apuntalaba carteles con mensajes de ensueño y fantasía,
del estilo : "Tierra a la vista, el tesoro está cerca" o "Del
devenir de los sentidos y el quehacer de la esquina inferior izquierda del
interior del muslo de tu dama"
El tan apreciado día por todos
los amigos de Raúl llegó. La triada Raúl, Fran y Ana llegaron 3 horas antes
para preparar el escenario. Sobre las 23:00 empezaron a llegar el resto de los
invitados, 23 en total.
Nada más llegar, La parcela te
recibe con el olor a la dama de noche que se encuentra en la entrada. La
fragancia augura maravillas en la oscuridad. El camino se ilumina por el
bambaleo de las antorchas; el fuego te recuerda a lo más visceral de la tierra.
Conforme avanzas el retumbar de los subgraves te hace palpitar al ritmo de
Skindred. Suena Nobody: "..music
we make to make the crowd jump up..."
la noche se pone interesante. Al fondo dos focos en la arena llaman la
atención. Apuntan hacia lo que parece ser un naranjo, pero....pero...no tiene
naranjas, sino botellines de cerveza colgados listos para beber. "Este
Raúl, puto loco" piensas sin parar con una sonrisa que te da la vuelta y
se abrocha en la nuca. La piscina resplandece en la noche, el alcohol va y
viene. Las niñas se han puesto sus mejores galas, se han pintado con ese estilo
hippie-alternativo-arreglado que enamora a Raúl. Los chicos danzan con vaqueros
desgastados con cadenas sustentadas en el cinturón y un halo de humo a su
alrededor.
Esa noche Raúl está especialmente
atractivo o eso es lo que piensa Ana.
Con el devenir de las cervezas y
la magia de las conversaciones de la noche, empieza a despertar algo en el
interior de Ana que nunca antes había sentido. Se fija en Raúl de forma
distinta, su amigo de siempre empezaba a situarse en una delgada línea del
follamigo interesante. "No, no puede ser" se dice a sí misma.
Mientras otra vocecilla en su cabeza le confiesa "sí sí, pero tú hoy te lo
calzarías sin dudarlo".
De cara a la galería, eso se
traduce en efectos psicosomáticos del siguiente orden: leve temblor en sus
rodillas, miradas punzantes a Raúl mientras se muerde el labio inferior
inconscientemente y cierta humedad inesperada en el fruto de su intimidad.
De repente se siente algo
sofocada, se levanta y va a por otra cerveza.
Raúl percibe ciertas señales (es
parte de sus habilidades chamánicas que su vida de pirata le ha ofrecido)
Cuando Ana regresa, decide ponerla a prueba, rozando la frontera de la amistad.
- Ana, si pudieras elegir a cualquiera
de tus amigos para acostarte con él, ¿con cuál te acostarías? Y no vale decirme
a mí solo porque es mi cumpleaños.
- Y esa pregunta so pirata?!!! No
existe ninguna respuesta adecuada para esa pregunta. Es una pregunta trampa.
Pero Raúl consiguió lo que
quería. El lenguaje no verbal aclaró sus dudas. Ana respondía dando un capotazo
muy elegante, pero su rostro se sonrojó levemente. Raúl conoce bien a Ana y
sabe que no se sonroja con facilidad, ergo.....acaba de percibir que "le
pone" de manera especial. "Interesante" piensa el cumpleañero, aunque no va a seguir apretando, al menos hoy no.
El final de la noche se aproxima.
Alguna que otra pareja improvisada de la noche retoza en la piscina. Dos
excedidos de la rubia burbujeante vomitan en la arena. La música ha parado pero
se escucha una cancioncilla recitada por un artista improvisado que cree tener
buena voz "Ohh líquido infernal que te crías entre verdes matas! Que hasta
al hombre más cabal haces andar a gatas..."
El cantante se acerca a Rául.
- Perdona una pregunta. ¿Cómo
consigues que estas fiestas sean tan de puta madre?
- Por la energía hermano.
- ¿Qué dices de la energía?
Raúl saborea el último sorbo de
cerveza que deja víctima a su undécimo botellín. El árbol de botellines ya solo
es un árbol desflorado.
- A ver. Normalmente cuando vamos
a beber una cerveza lo pasamos bien. ¿verdad?
- Sí tío. La cerveza mola.
- Error. La cerveza no mola
tanto. Lo que realmente te hace feliz es la energía que se desprende cuando
dices "vamos a tomar una cerveza". Realmente lo que estás diciendo es
"vamos a relajarnos un rato, desconectar, hablar sobre cosas agradables,
escuchar música, coquetear, intimar, desinhibirnos, etc" ¿Comprendes?
- Creo que lo voy pillando.
- A la gente no les relaja fumar.
Les relaja pensar que fumar relaja y fumar en consecuencia. Respirar profundo,
descansar 5 minutos. Hacer el break. Pues con las fiestas es lo mismo. De nada
sirve ponerse hasta las manillas de birras. O al menos no solo eso. Lo
importante es la expectación, previa y la que se crea en sinergia durante el
evento. Cuando una mujer se maquilla o tú te pones tu mejor camisa, no os estáis
solo acicalando sin más. Estáis diciendo ahora es un puto momento especial en
mi vida, mira, ¿me veis? voy guapa ehm. Eso es lo que hay. Piso el suelo y el
mundo tiembla. Mira mi camisa, hoy irradio luz. ¿Vas pillando?
En los eventos la gracia es la
misma. Yo no intento solo decirte "ven a mi casa, bebemos y escuchamos
música" no, no y no. Yo os quiero decir: "sal de tu puta rutina, deja
los mamoneos que tengas atrás. Hoy se
para el mundo. Hoy es un día mágico. Hoy eres Aquiles en Troya (sin premio
mamona) Hoy las estrellas se alinean para que tú seas el protagonista. Siente
de verdad, sin complejos. Coquetea. Siéntete único o única. Hoy eres preciosa
aunque normalmente tengas complejos. Hoy es el día D a la hora H. No existe
nada que merezca la pena que no ocurra aquí. Imagina cosas que normalmente no
ves, porque en el fondo sabes que todo en la vida va a salir bien. Que te
tiemble el alma como cuando ves a tu grupo preferido en directo. Enamórate de
la noche como lo hiciste de esa niña a los dieciséis"
[La vena del cuello de Raúl se
hincha y sus pupilas se dilatan por la exaltación]
Yo os quiero decir: "Si existe algún
propósito en la vida, es que esta noche estés aquí y sientas y vivas esto. Otro
día no, HOY"
- Copón Raúl! El brebaje ese que
sale de tu árbol te ha afectado al coco.
- Tú preguntaste hermano. Si no
estás preparado para la respuesta....
- NO HAGAS LA PREGUNTA!!
Gritaron Ana, Fran y Raúl al
unísono.
- Jajajajajajajajajajajajajaja.
Los cuatro rieron por más de dos
horas o eso les pareció a ellos.