martes, 21 de junio de 2016

Capítulo 15: "Volver a empezar"

Volver a empezar

Ayer salí a dar una vuelta con Fran.
Fran es ese colega que está hecho de un montón de cosas buenas que, de alguna manera se han desordenado a lo largo del tiempo y han quedado juntas de tal forma que el resultado es un desastre.
Hace falta tener a alguien como él a tu lado para recordarte la capacidad que tiene el ser humano de sentir. Fran se apasiona tanto como se autodestruye, agarra un atardecer cualquiera y lo convierte en el mejor momento, mostrándote cada detalle maravilloso que tú no habías percibido y luego coge un día cualquiera de una sosegada primavera y te explica como la vida puede golpearte a cada minuto.

El parque no era ni muy grande ni muy bonito, pero tenía esa sensación a vida que propiciaba conversaciones trascendentales:
-¿Que tal te trata la vida hoy Fran?
-No lo se, yo solo quiero volver a jugar como cuando era niño, ¿sabes lo que te digo?. No recuerdo cuando perdí esa capacidad.
-Bueno tío, es que ya no somos niños, es normal.
-No, no lo es. Todos necesitamos eso. Últimamente la vida solo es eso... vivir.... y debería ser tanto más, debería ser como era antes. Debería...

Fran se perdió una vez más en su sinfín de explicaciones maravillosas que te hacen sorprenderte con la paleta de sentimientos con la que podemos pintar nuestra vida. Quería animarle, decirle que todo iría bien y que las cosas se arreglan. Pero es mentira. Mentir es lo que se me da bien, pero no esa clase de mentiras que dañan a la gente y la hacen sentir estúpida cuando la descubren. Sino de esas otras mentiras que cuando te las cuentan, te abren un nuevo abanico de posibilidades y cuando, más tarde, descubres la verdad oculta piensas, “¡Que cabrón, a esto te referías!” O “¡Me engañaste, pero gracias!”.
No todo se arregla en esta vida, a veces hay cosas que se rompen para siempre, es la magia de vivir dicen. Si no hay irreversibilidad, un fin absoluto, nada tendría valor. En Fran hay muchas cosas rotas, y no se cuantas de ellas tienen arreglo, pero tengo mi mentira preparada para el.

-Sabes tío, una cosa es segura. No estamos preparados para pasarlo mal eternamente y siempre hay una forma de volver atrás y recuperar lo perdido. Siempre se puede iniciar de nuevo el camino, solo hay que encontrar el momento y el lugar.
-... (Fran asintió como el que oye sin escuchar)
-Este... este sitio es un magnífico lugar para volver a empezar.

Fran no dijo nada, pero parecía satisfecho. Miraba el parque mientras atardecía con un sinfín de posibilidades por delante. La mentira había hecho efecto, Fran y yo nos separamos.

No siempre se puede recuperar lo perdido, volver atrás no siempre es volver al mismo punto en el que estabas. Con cada camino, recorres una vida nueva, a veces es la misma con matices, a veces es otra distinta en la que llevas todo lo aprendido en tu mochila. Te he mentido amigo, debería haber estado ahí a tiempo para decirte que lo único que no puedes permitirte es perder aquello que realmente importa, porque no todo tiene solución. Pero no llegué a tiempo y solo puedo ofrecerte esto... y cuando vuelvas atrás y termines de recorrer tu nuevo camino verás que, efectivamente, la vida siguió, que no podemos estar mal eternamente y que recuperaste aquello que te faltaba solo que, quizás, de tarde en tarde, lo mirarás con melancolía sabiendo que no es exactamente el mismo trozo de ti que quedó atrás, si no uno nuevo... distinto.

Eres un gran tipo Fran. Somos tan distintos por fuera, pero igual de rotos por dentro. Te deseo una bonita mentira y un camino lleno del tú que faltaba antes. Al fin y al cabo, una cosa es cierta...

... Este es un buen lugar para volver a empezar.

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P.D: tengo mucho que aprender de ti. Ojalá pudiera contarme mentiras a mi mismo.


jueves, 9 de junio de 2016

5 minutos más


Parpadeos de vida.
Notas desparramadas bajo la escalera.
Motitas de polvo que forman los quehaceres de nuestra existencia.
Brisa dadivosa que nos regala un aire único que no volverás a respirar jamás.
Otro sí, ese no.
Una caja de música que nos amarra a la niñez.
El abismo verde miel de tus ojos.
La mueca que se aloja en tus mejillas cuando sonríes.
El pelo que descansa en tus hombros tan suave y tan lleno de energía.
Esa mano que siempre añoras,
que roza tu piel en la noche.
Manifiesta tu amor sin derroche.
Te atrapa el alma sin demora.
Cada segundo mientras lloras,
buscas su olor sin reproche.
Calma tu pesar dándole broche.
Respiras a contratiempo a todas horas.

Si pudiéramos revivir 5 minutos y solo 5 minutos más de un momento pasado, ¿Cuál elegiríamos?
La primera vez que le diste un beso a la chica de la que te enamoraste desesperadamente, la primera vez que un verdadero amigo, entiéndase amigo en su significado más profundo, te dio un abrazo de verdad, la primera vez que sostuviste a tu hijo en brazos...

Esta pregunta que me autoimpuse hace tiempo no para de desafiarme día tras día. Le da sentido a mi pasado, a mi presente y a lo que espero del futuro. Todavía no tengo respuesta, pero me ayuda a reflexionar sobre la importancia que le doy a lo vivido y a toda mi existencia en última instancia.

5 minutos parecen pocos, pero a veces bastan para poblar de sentido a toda una vida. A veces solo unos instantes bastan, como cuando aspiras el olor de la dama de noche que reposa en el jardín,  en un momento de dolor y miras al cielo y todo cobra sentido. O como en los instantes que describo en el intento de "poemilla" de estas primeras líneas.

Creo que fue tras vagabundear con esta cuestión cuando empecé a no creer en el concepto del tiempo tal y como lo contemplamos habitualmente. El tiempo es relativo dicen, quizás no exista.

A veces me dicen : "Jesús no filosofes tanto, no existe tanta magia, esto es solo una cerveza y aquello solo el sol. ¿Cómo consigues hacer que estas cosas te hagan feliz?"
Yo suelo contestar:  "muy sencillo, no soporto estar triste". Esas perlitas del día le dan sentido a todo, o de lo contrario mi reducción al absurdo es que nada tiene sentido. Teniendo esto en cuenta, si pudiera repetir 5 minutos de cualquier momento de mi vida, ¿cuál repetiría?. La pregunta vuelve una y otra vez, realzando algún motivo por el que levantarme cada día para caminar entre ruinas. Caminar entre las ruinas de lo que fui, de lo que soy y de lo que me queda por ser. La mejor medicina para el alma rota creo que es buscar esas perlitas. Esos 5 minutos eternos, que desafían al tiempo y al espacio.

No puedo quedarme con la conclusión de mi amigo y hermano que me recuerda que no existe tanta magia, que esto es solo una cerveza y que aquello solo el sol, como todo lo demás. Para mí, pensar así es como hacer el amor con la ropa puesta, algo se interpondría entre mi persona y aquello que deseo. No sería capaz de sonreír, de sentir y soñar tal y como mi estilo cognitivo me permite.

Mi madre me decía de pequeño que el que no sabe es como el que no ve. Yo añadiría el que no imagina es como el que no siente.

¿Y tú, qué 5 minutos de tu pasado repetirías?

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viernes, 12 de febrero de 2016

Capítulo 14: "Esa oxidada teclita del alma"

Y no se trata de no sentir, sino de cómo nos relacionamos con nuestro sentir.

Esta cabeza parece una tierra muy fértil en la que cualquier idea germina con facilidad. A veces se agarra fuerte cuando el sentir es negativo. Se queda en un rinconcito escondido y va inundando todo tu ser. Crece, se expande, te esfuerzas en quitarla de ahí, pero sigue. Germina con soltura como lentejas en algodón húmedo.

A veces crees y a veces olvidas.
A veces lloras y a veces chillas.
A veces saltas y a veces suspiras.

Pero desde luego no se trata de no sentir, sino de cómo nos relacionamos con nuestro sentir.

Todo depende de la proyección que pongamos en cada cosa, en cómo duele o cómo no. En cómo disfrutamos de cada instante o por el contrario, cómo lo dejamos pasar, como cuando dejamos correr al autobús que no te lleva a tu destino. A veces, el dolor te invita a que dejes de sentir; pero claro, la magia está en no parar de sentir, sino en cómo nos relacionamos con esas emociones, cómo las digerimos, como las procesamos, en cómo nuestro estilo cognitivo trabaja para sacar conclusiones de esos estímulos externos. En definitiva en cómo nos relacionamos con nuestro sentir.

Y es que a veces ríes y proyectas una energía que infla el espíritu de cuantos te rodean y a veces comes pan de pico, rumias en tu mente una desdichada sensación que alimenta una distorsión cognitiva que augura malas emociones y sus consecuencias en cascada.

A veces la tensión se hace muy muy grande y no piensas con nitidez y justo poco después, casi por arte de magia, en la pequeña aldea gala todo vuelve a la normalidad. El aire que respiras es más puro, más gratificante, más rico en cantidad y calidad y tu perlita de felicidad del día asoma. Asoma casi por casualidad, pero no importa, solo te limitas a disfrutar de ese momento. Ese momento que te ancla al momento presente y del que no quieres salir, pues los demonios esperan pacientes a la vuelta de la esquina.

Esos demonios que establecen un entramado de ramas a tu alrededor y no te dejan llegar al tronco, te confunden, te distraen, te sofocan y te contraen. Rompes una rama y aparecen diez. Pero a veces, solo a veces, consigues tocar una teclita en tu alma. Una teclita ya oxidada que al pulsarla suena una melodía entera llena de felicidad, esencia del jarro de alegría y reposo que necesitas.

Claro que eso es solo a veces. Ojalá pudiéramos alimentar el alma solo con cosas ricas. Y es que es tan difícil pulsar esa tecla. Se oxida tanto que cuesta encontrarla entre tanta herrumbre.

Parece que la tierra fértil de la cabeza, en el proceso de arraigo de pensamientos negativos, se alimenta de tu energía vital y vomita óxido encima de esa tecla. Esa tecla que necesitas pulsar para recuperar  tu energía cercenada por el mismo proceso.

Pero desde luego parece que el sendero apunta a que:
no se trata de no sentir, sino de cómo nos relacionamos con nuestro sentir.

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viernes, 25 de diciembre de 2015

Capítulo 13: "El discurso de los demonios"

Jueves noche en el templo donde el alcohol y las risas trabajan en sinergia. La triada Ana, Fran y Raúl cervecean mientras aprietan con fuerza una de sus conversaciones de entrenoche.

Las miradas esporádicas entre Raúl y Ana rememoran las noches en esa habitación donde hace unos días se comían sin compasión, donde se lamian hasta el alma.

Fran pide otra Leffe, una de las cervezas belgas que lo tienen enamorado, mientras taladra el culo de la camarera con su mirar.

Holy Diver de Dio suena por las columnas de la sala, mientras unos focos sin rumbo fijo se entremezclan con el devenir del ambiente del templo.

- Pues yo creo que deberíamos montar un bar en condiciones en esta ciudad de catetos.
Fran rompe la tensión sexual de Raúl y Ana con unas de sus ideas de negocio que llevará a cabo nunca jamás en su vida, pero que igual gusta de compartir, mientras elucubra números y sensaciones del proyecto.

- Sí tío. Un jodio bar con dos jaulas gigantes dentro, que alberge a sendas tetonas en su interior. En la puerta dos barriles que escupan llamas hacia arriba. Que vaticinen la magia que se cuece en el interior. ¿Os imagináis? ¡sería la hostia!

- Pues yo no me voy a meter dentro de las jaulas.
Ana mira a Fran mientras le contesta guiñándole un ojo, como solo Ana sabe hacer.

- Lo siento Ana, te faltan tetas. Jajajajaja.
Los tres filósofos de la noche se ríen mientras brindar por el bar del futuro.

Ese jueves de luna llena echa su broche cuando los amigos se despiden. Pronto, en el silencio y soledad de cada uno, los demonios de sus mentes atacan desde el interior. Ya en la cama intentando conciliar el sueño, el oleaje de pensamientos se acentúa. Dicen que en la oscuridad a veces se ven las cosas mucho más claras.

Fran

Y es que no puedo parar de llorar. Intento contener las lagrimas pero se me derraman demasiado. Mi cuerpo escupe usando los ojos como arcabuz. ¡Y por qué cojones estaré tan triste si no me sacude ningún mal!. Las cataratas se deslizan por mi cara abochornándome.

"..mira que hombrecito fuerte. Mira que maduro y equilibrado. Das pena. No puedes con nada. Crees que sí , vendes que sí cuando el No es aplastante. Cincelas felicidad usando un martillo de tristeza".

"Mira a lo que has llegado. Maravillosa nariz roja como Rudolf de tanto llorar, de tanto gemir como una puta sin corazón. Venga, tira de esa resiliencia que tan de moda está ahora. Recompón ese cuervo hecho a trocitos que sabes que no es el mismo de antes de romperse. No, no hay moraleja en este cuento, solo debilidad. Solo frustración y vacío."

"Vamos animal, sabes que siempre vas a estar unido a mí, resígnate, tú y yo somos uno. Vine a ti y ya nunca me iré. Intenta hacer deporte, beber, correr, fumar, repite el ciclo, al final siempre estoy aquí. Al final lloras, en el fondo sabes por mucho que lo ocultes que el dolor no se te va a ir."

"Respira, que si no te ahogas y te necesito vivito para poder torturarte. Venga, prepara un mate con agua tibia. Te dejo unos minutos de tregua. Coge fuerzas que después vendré a verte"

Raúl

Joder, otra noche que me voy a la cama ciego como un piojo.

"No puedes ni con tu alma. Si no te pones hasta las "manillas" de cervezas no hay quien te duerma. A ver si pones algo de esfuerzo en enderezar tu vida porque no eres más que un borracho aceptado socialmente. No engañas a nadie con tus camisas de marca y te pelo desaliñado con agua de peinado."

"Por muchas tías que te tires sigues igual de vacío. Ese es tu estado, vacío. Muerto por dentro. Asúmelo. Sigue bebiendo, que es para lo único que vales. Venga intenta contener el vomito. Las paredes te dan vueltas como cada noche. Te crees muy carismático, pero tu carisma es fruto del veneno que tomas cada noche. Todos tus méritos se los debes al alcohol"

Ana

A ver como enderezo esto, si no puedo controlar mis sentimientos.

"No tienes trabajo porque eres una torpe cara bonita cuya única función en este mundo es de servir de florero para agradar la vista a otros. Si ni siquiera eres capaz de decirle a tu amigo que estás enamorada de él. Pareces madura, chica fuerte emocionalmente. Me río yo de tu fuerza. Ministra de la fatiga, deberías quedarte en esta cama y nunca despertar. Total, para lo que sirves."


... Los espíritus del mal se alinean en la noche, desvaneciéndose en la altura circundada por esa luna llena. Esa luna que sirve de marco a la danza de Morfeo. Mientras, los tres jóvenes van quedando dormidos. Mañana será otro día. Quizás mañana sea un día en el que se levanten y sueñen con esos pasos de pies descalzos al atardecer buscando aquello por lo que vinieron al mundo.
Quizás mañana se levanten y digan:  hoy es un día más en el que, en potencia pueden ocurrir cosas maravillosas que te taladran por dentro. O quizás no.

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martes, 8 de diciembre de 2015

Interludio: "Sigue al conejo blanco"

Somos básicamente un conjunto de alimañas oportunistas repletos de dogmas aceptados socialmente en un contexto autodestructivo.

No hay mucho más. Por mucho que se quiera, en general somos alimañas convenidas en todos los planos: económico, social, emocional, etc.
Yo me retiro del camino.
Me bajo de este tren en el que me subieron sin mi permiso. Yo voy a seguir al conejo blanco. Igual me lleva a un lugar peor, pero más vale lo malo desconocido que...
Yo voy a seguir a ese conejo saltarín de risa esquizofrénica que aventura sensaciones.
A ese personajillo que te introduce a un mundo lleno de altibajos. Sí, has leído bien, Altibajos. ¡Basta ya de estar plano!. Basta ya de encontrarme con gente que murieron con 30 y lo enterrarán con 90. Planos, lisos, sin matices ni ilusiones. Solo con su caminito bien definido, con su nombre, su escudo del Betis, su medalla de la esperanza de Triana y otro montón de sin sentidos bien definidos nada más nacer.
Dicen ser libres sin  nunca preguntarse nada. Dicen ser libres sin nunca antes atreverse a soñar.

Somos básicamente un conjunto de alimañas oportunistas repletos de dogmas aceptados socialmente en un contexto autodestructivo.

Yo me quedo en Nunca jamás. Me quedo con mi ansiedad, con mis demonios, con mis torturas mentales. Todo es la cara B de mis sueños, mis alegrías, mis caminos a Lothlórien, mis conversaciones con Tom Bombadil, mis viajes en busca del tesoro de Willy el tuerto. Yo me quedo con mi sensación de vacío, con mi dolor existencial, con mis crisis de fe, mi sensación de soledad entre mucha gente. Todo es la cara B de mis viajes a Felicitinalandia, a rascar en el almita de mucha buena gente, soñadora que aún queda en estos lares. Es la cara B de un abrazo de los de verdad, de un sueño del que te despiertas llorando de alegría. Yo asumo el precio a pagar por no estar plano, asumo la onda seno en todo su abanico de frecuencias. Para ti la recta constante paralela al eje X. Sigue seguro en tu zona de confort emocional. Moriste con 30, te enterraran dentro de 60. Sigue en ese mundo de salvajes estructurados en un sin sentido vital. Yo, me quedo en Nunca jamás. Yo seguiré persiguiendo al conejo blanco. Yo seguiré soñando con tesoros escondidos y princesas en castillos.

Somos básicamente un conjunto de alimañas oportunistas repletos de dogmas aceptados socialmente en un contexto autodestructivo.

Yo me quedo amarrado a ese diente de león que se desvanece con el viento. Yo asumo lo efímero de su esencia. Yo me quedo con la sonrisa de la Gioconda, misteriosa e inquietante. Me quedo con un mundo de piratas, con un mar cambiante y poderoso que nos amarra con el mundo. Me quedo con la inmensa seriedad que tienen los niños cuando juegan, con las caricias de un abuelo, aunque sepa que pronto fallecerá.

Pero no pasa nada, tú sigue en tu oleada borreguil. Sigue plano, sin vaivenes. Maravilloso trabajo asegurado y  muebles del Ikea. Disfruta de ese atasco, tú ya decidiste. yo  iré por el carril bici en busca del conejo blanco. A ver quien veo, a ver que siento.

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lunes, 2 de noviembre de 2015

Capítulo 12: "En el mundo de las sirenas"

En el mundo de las sirenas el desasosiego es un paradigma desconocido.
En el mundo de las sirenas la fantasía es el aire, la tierra el agua, la prisa la calma.
En el mundo de las sirenas el tiempo se mide en oleajes, la dirección en horizontes.
En el mundo de las sirenas el pasado no consta en el presente, el futuro no existe.
En el mundo de las sirenas el viento es el alimento.
En el mundo de las sirenas tus notas desparramadas en la papelera del estudio son el combustible para la vida.
En el mundo de las sirenas tus ilusiones son sus habitantes, tus penas sus vacíos.
En el mundo de las sirenas...

Raúl contempla la fuerza del mar desatada contra los cubículos naturales del arrecife. Ana y Fran lo esperan en el mirador. Solo Raúl esta tan loco como para aproximarse a probar la temperatura del agua en una tarde, de viento descontrolado, como aquella.

La mirada de Raúl intenta abarcar la mayor extensión posible de un sopetón. El alma se le para. En ese  momento nada importa. Nada, absolutamente NADA. Solo el mar, un millar de sirenas escondidas de ojos curiosos y cinco peñascos en el horizonte. El aire sacude el torso de Raúl, le infla los pulmones y algo mas ahí dentro. El aire invade una parte de Raúl más allá de su sistema respiratorio. El aire nutre a Raúl de una energía ancestral que hace toma de tierra con el mundo.

Dicen que con el pasar de los años el hombre se ha encargado de transformar el mundo para adecuarlo a sus necesidades. El problema es que esas necesidades no son tales, y al modificar la Tierra nos alejamos de ella. Este razonamiento invade a Raúl mientras contempla el poder del mar. Si no, por qué será que cada vez que me acerco a la naturaleza mi paz se acentúa y mi felicidad le da la mano para que caminen juntas. Juntas avanzando hacia el destino de trasmitir esa felicidad a cuantos me rodean.

El arrecife sonríe a Raúl con esa sonrisa que ilumina el alma. Con esa sonrisa que detiene conversaciones. Con esa sonrisa que posee la joven a la que amas. Con esa sonrisa que te regala desinteresadamente un niño desconocido agarrado a la mano de su mamá,  mientras esperas la cola del supermercado. Esa sonrisa que ilumina el bar cuando Ana aparece por la entrada cada jueves con sus labios tintados en rojo. Esa sonrisa que solo tiene ella, esa alma alegre a la par que perturbadora que te hace olvidar los desastres de tu vida, que te hace centrarte en el presente y dejar de tragar alcohol, para poder saborear mejor sus labios arqueados, sin ni siquiera tocarlos.

Esa sonrisa está en el arrecife, impregnando a Raúl. Quizás sean las sirenas desde su escondrijo secreto, preparadas para cautivar al joven soñador. O quizás la violencia del viento está empezando a enloquecer a Raúl y confunde al arrecife con ella. Con esa noche en aquella habitación donde lo húmedo no era el mar, donde el viento no era lo que zarandeaba su corazón, donde la sonrisa no venía de sirenas sino de ella.

El arrecife sonríe descarado advirtiendo a Raúl de que se acerca a la esencia plena.

- Vamos Raúl, que te vas a quedar "to trincao" tanto mirar a las olas.
Fran avisa a su amigo para que vayan camino de vuelta. 

Solo unos instantes con la sonrisa del mar han bastado para anestesiar los demonios de Raúl. A Raúl nunca se le ve preocupado, nunca triste. Quizás ese sea su secreto, alimentar su alma de vez en cuando para obtener el fuel necesario para su misión vital: regalar retazos de felicidad a cuantos le rodean. Quizás su secreto esté en buscar un estado de limerencia cercano a la locura y enfocado a todas las actividades de su vida, a su pulso vital, a su compás a contratiempo que se aleja de un mundo sistematizado y algorítmico.


El tiempo de Raúl ya no se mide en horas y minutos, ya no en días ni en meses. El tiempo de Raúl se mide en los espacios que hay entre una y otra aventura. El tiempo de Raúl se mide en el número de partidas de rol en vivo que ha jugado. El tiempo de Raúl se mide en los besos por los que ha naufragado. El tiempo de Raúl se mide en el número de veces en el que sus sentimientos evaluados en su corteza prefrontal hace que su energía aumente por la cantidad de dopamina segregada. Su tiempo es aquello que trascurre entre sonrisas iluminadoras que recibe de seres de fantasía traídos a su mundo y que últimamente vienen vestidas de rojo y huelen a perfume de mujer. 

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miércoles, 7 de octubre de 2015

Capítulo 11: "21 gramos"

Numerosos experimentos indican que el alma humana pesa 21 gramos exactamente. Científicos y médicos interesados en el tema, pesaban a pacientes moribundos antes del fallecimiento y justo después de que se transformara en finado. La diferencia de peso era siempre de 21 gramos. Da que pensar. Algunos achacan esos 21 gramos a proceso neuronales que provocan un campo electromagnético que en consecuencia produce cierta masa. Tras la muerte cerebral del paciente (muerte clínica bajo muchos baremos) ese campo deja de funcionar y en consecuencia, desaparecen esos 21 gramos. Pero esa hipótesis es solo eso, un hipótesis. Algunos nos decantamos por el simple hecho de que existe una pérdida de masa tras la muerte, y que a esa masa le podemos llamar X, o tal vez Alma.

Vamos!, una más, ya casi  has terminado.
Vamos! empuja, si no puedes tú, nadie va a hacerlo por ti.
El alma de Fran parece hablarle desde el país de Nunca jamás.

Los músculos del hombro y pecho de Fran se tensan. Las mancuernas bambalean a ritmo de vals. Un movimiento oscilatorio armónico simple hace redirigir la estructura neuromuscular de Fran mientras torea ese par de mancuernas de 45 kilos. el banco plano no miente, no deja dudas. Las personas te pueden fallar, pero dos mancuernas de 45 son SIEMPRE dos mancuernas de 45.

Se establece una relación sincera entre las mancuernas y Fran. Ellas saben el poder que tienen, en lo que te pueden convertir, en lo que te pueden destrozar. Fran las sostiene encima de sus cuadriceps, se dispone a hacer press mancuerna en plano. El primer paso es el más difícil, tumbarse y subirlas hasta arriba. Mucho puede fallar, si el hombro falla, tu cara es víctima de un mancuernazo, olvídate de nariz y paletas. Si sufres una distensión muscular, tu pecho se desgarrará dejando una bonita cicatriz.
No pasa nada, le susurra esos 21 gramos a Fran desde a dentro. Tú puedes con todo, si no puedes con esto, ¿cómo pretendes poder con el peso de tu vida?

Fran las aprieta fuerte, se  mira al espejo. Una gota de sudor le recorre la frente. Yo puedo con todo, soy una hoja al viento,  nada me puede parar. Pega un empujón se tumba acompañando a las mancuernas con las rodillas. Ya están arriba. Lo peor ha pasado, ya es mío. Nada me puede parar. El alma de Fran se acelera. Esos 21 gramos pueden con los otros 4500 gramos en cada mano. Tiras desde dentro, empujas desde todo tu ser.

Abajo.

Arriba.

Una repetición. Ya es mío. Puedo con esto y con todo lo que me echen. Las venas del hombro sobresalen saludando al techo. La cabeza de Fran se enciende en rojo. La adrenalina se dispara. Un pico de insulina circula por su sistema.
Mis brazos son dos hachas. Dos barriles en llamas a punto de explotar.
Nada me puede parar, le repite reiteradamente esos 21 gramos.
Sube y baja el lastre 2 veces más. Después de eso Fran se vacía. Dos mancuernazos al suelo.
Resopla, coge aire, bebe algo de agua. Te lo has ganado, eres un puto animal, nada te puede parar. El alma de Fran le susurra... Ya pasó, ya lo has conseguido. No tienes que demostrarle a nadie nada más, solo a ti mismo. Ni siquiera a ese insolente ciclado que te mira de reojo. A ese que se mira al espejo 15 veces antes de hacer un ejercicio. A ese que no sabe que tú no lo haces por tener un físico apolíneo, si no por curar tu alma. Ese que no sabe que para curarte por dentro, la única herramienta que tienes es intentar curarte por fuera y esperar a que algo llegue a través del pecho. Tú ponte fuerte por fuera, algo llegará hasta esos 21 gramos.

Muchos te critican. No entienden que esta terapia es lo único que conoces. El poder del acero lo llaman. Es fácil amar a un chico fitness que imparte clases de zumba. Pero solo algunos están preparados para amar al acero, a los 45 kilos que nunca mienten. Solo algunos están preparados para amar el caos y la decadencia.




NO PAIN NO GAIN

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