jueves, 20 de agosto de 2015

Capítulo 9: "La habitación"

No hay nadie más en la casa, solo ella y tú, pero sin embargo habláis bajito. Incluso cuando salís a la calle seguís hablando bajito por unos segundos. Hasta que ella te dice "ya podemos hablar normal" y reís como cuando pequeños.

Es como si quisierais acariciar con todo vuestro ser. Con tanto, que hasta necesitáis acariciar también con las palabras. Un "¿cómo estás chica?" después de hacer el amor, no suena igual si no se susurra. Has de acariciar el alma con las palabras.

Dicen que las palabras crean realidades al ser pronunciadas. Y la realidad que quieres hacer patente en ese momento es una caricia al corazón.

"Guaaaauu... no quiero que este momento se acabe nunca." Susurra Ana al oído de Raúl. Ana lo abraza por debajo de las costillas y lo aprieta fuerte.

El ecosistema de la habitación está formado por la cama de la compañera de piso de Ana. Una botella de vino a medias, tres velas, un barrita de incienso ya acabada, un espejo sobre una vieja cómoda y un póster de la película El club de la lucha. La habitación huele al amor derrochado durante toda una noche. Una noche de sexo, caricias, charlas al oído, risas, masajes, besos y abrazos. Sobre todo besos y abrazos.

La compañera de piso de Ana estaba de viaje. Cuando Raúl y Ana subieron al piso, Ana decidió utilizar la habitación de su amiga, ya que tiene una cama de 1,60 del Ikea. La cama de Ana es individual. Tampoco le importaría mucho a su compañera. Igual ni se lo cuenta.
Tras una noche y parte de la mañana, la habitación se convierte en el mundo de ambos. No necesitan más nada de allí afuera. De hecho, ansían que no exista nada más. Solo ellos dos y la habitación. Bueno, ellos dos, la habitación, las señales de los mordiscos de Ana en el trapecio de Raúl y el sudor en las sabanas.

Tan solo una pequeña pausa para ir al servicio y traer algo de agua y a seguir viendo el amanecer abrazados, por si al levantarse todo se acaba. Al fin y al cabo son nada más que amigos. Igual después hay una charla de las de "...en verdad no ha sido buena idea.." , "...no quiero que nuestra amistad se vea afectada..." o "...ha sido increíblemente mágico, pero no quiero que los sentimientos empiecen a estropearlo todo...". Por ende abrazan ese momento sin plantearse mucho más. Lo de después ya llegará si cabe.

La tarde anterior Raúl acudió a la casa de Ana. Ana Había preparado una cena de viernes aprovechando que tenía el piso para ella sola. Invitó a algunos amigos, entre ellos a Raúl y Fran. Fran no acudió. Su escusa fue que estaba en la cama demasiado relajado por los calmantes. Según planteaba, se tomó un par de Diazepam de 5 mg porque tenía una fuerte contractura en la espalda fruto de su entrenamiento. Aunque sus amigos sabían que probablemente no serían dos píldoras de 5 mg, más bien dos de 10 mg y un vaso de whisky con objeto de apaliar su ansiedad esporádica y no como remedio a un problema muscular. De igual forma respetaron su momento y no insistieron en que fuera a la fiesta. Durante el fin de semana Ana sabía que le tocaba visitar a Fran y sacarlo de la cama. Pero esta noche era demasiado tarde. Si Fran usaba la escusa de la contractura, significaba que los calmantes ya habían hecho efecto. Ya debía estar en la cama drogado, escuchando a Ludovico mientras meditaba y se quedaba dormido por doce horas.

Después de la cena, Ana ofreció a sus invitados un postre con nata y fresas. A Raúl, le puso una fresa de más. Parecía que el postre auguraba algo más. El postre ya decía: para ti Raúl  te pongo una fresa más, por algo será.

Tras una sobremesa distendida con charlas metafisico-sociales, el grupo se dispuso a quemar la noche sevillana. El aroma a azahar atesoraba el ambiente. Los bares de la alameda ofrecieron un paradigma ideal para beber, reír y sentir.

A la salida de uno de los barecillos preferidos por Ana, Raúl le cogió la mano como solía hacer con todas sus amigas a modo de caballerosidad. Pero en ese momento Raúl percibió algo distinto. Una leve caricia entre sus dedos emergía de Ana. Esa caricia decía más que toda la enciclopedia británica.

A la entrada del siguiente bar, no se pudo aguantar más. Abrazó a Ana por la cintura y la besó. Sus labios se saludaban en señal de consentimiento mutuo. Parecía que una olla en ebullición empezaba a calmar sus aguas. Las burbujitas dejaron de crepitar, el agua ya en calma, el vapor ya en el techo. Por fin me quitaron la tapa y apagaron el fuego.

El beso se extendió por más de 5 minutos. Hacía tiempo que Ana no besaba tanto rato, ni con tantas ganas. Una pequeña pausa. se miran a los ojos, se ríen. Esto no puede ser, piensan. Pero es. Y es bien rico.

El beso dio paso al resguardo en el hogar de Ana. A una noche y una mañana en una habitación prestada sin saberlo. A una habitación que sostiene a dos almas que se abrazan al amanecer. A dos almas desnudas que se miran en el espejo de la vieja cómoda. Y que piensan "Pues no quedamos nada mal juntos".

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miércoles, 12 de agosto de 2015

Capítulo 8: "Ana"

Ana es otra tú y otra yo, pero mejor que ambos.

Ana consigue congelar el tiempo cuando anda.
Ana aromatiza la sala allá donde va. No suele  usar perfume, pero su pelo huele a coco. Su risa inciensa a gominolas, de esas de cuando pequeño. ¿Te acuerdas cuando comprabas 20 duros de gomitas en el quiosco y olías la bolsa nada más cazarla del quiosquero? Así huele Ana.
Así exhala su boca, su cuello. Hasta su mirada huele a chucherías.
Ana no suda, segrega felicidad, porque tiene demasiada acumulada y por algún lado tiene que rebosar.
Cuando sale de fiesta, Ana es una tormenta en la noche.La mirada de Ana es un huracán que te taladra desde el pecho hasta detrás de los riñones.
Ana es medio litro de Nestea con hielo y una rodaja de limón en una mañana de resaca. 

Ana es otra tú y otra yo, pero mejor que ambos.

Ana es el estribillo de tu canción.
Ana es el armónico de tu guitarra ESP Alexi Laiho signature recién afinada, que hace que tiemble el puente, que se doble el mástil, para sacarte esa energía desde dentro.
Ana es el plato preferido de tu batería. Más aún, es el sustain de ese plato, un crash-ride de 18 pulgadas, que se mantiene en el tiempo con ese sonido cálido y abrazable y escuchado en "slow motion"; y que puedes sentir como se deforma gracilmente para después volver a su estado normal.
Ana es una gota en un estanque sereno.
Ana es el cogollo central de la planta que llevas 7 meses mimando.
Ana es el primer sorbo de café a la mañana.
Ana es un mate con agua a 80º, justo antes de que hierva, con yerba humedecida con un poco de agua natural.
Ana es la última calada que respiras profundo antes de acostarte. 

Ana es otra tú y otra yo, pero mejor que ambos. 

Ana tiene una melena azabache que danza a su paso.
Ana Tiene una cicatriz en su hipnótico labio superior, fruto de una pelea en el instituto, que luce con sarcasmo y orgullo. Muy lejos de acomplejarla, adorna su marca con estilo y personalidad. Ana siempre dice "Muestra tus muñones, son parte de ti. No los escondas para encajar mejor, haz que el mundo encaje con ellos. Tus marcas son bonitas. Los jarrones chinos se restauran con oro y plata para realzar sus roturas, en vez de esconderlas, son dignas de superación. Hay que mostrarlas con orgullo"
Ana se pinta los labios de rojo. Se sombrea los ojos de negro.
Ana se encaja un vestido sueltecito. Un vestido negro con escote, sin mangas, que la abraza hasta una cuarta por encima de las rodillas.
La columna de Ana está tatuada con una enredadera que le asoma por el cuello.
Ana esgrime pulseras hechas con semillas. Adornan sus muñecas y tobillos y "repampanean" en su caminar.
Ana tiene unos huequitos en sus caderas que hace temblar a todo aquel que se arriesgue a mirarlos.
Ana es de libido sensible. No es una golfa, solo sabe lo que quiere y como lo quiere y no se acompleja por el que dirán.
 
Ana es otra tú y otra yo, pero mejor que ambos.

Ana es el atardecer en las playas de Conil.
Es el primer buche de una cerveza helada después de 4 horas paleando al lado de una hormigonera bajo un sol torturador.
Ana te regala una hermosa sonrisa. Te contagia. tú sonríes, y cuando tú sonríes el mundo sonríe contigo.
Ana te coge del brazo y te saca de esa pelea que sabe que está a punto de suceder. Y después te golpea ella. Pero su tortazo te abriga y enseña más que los cuatro botellazos que te acaba de ahorrar de un mastuerzo borracho. 

Ana es otra tú y otra yo, pero mejor que ambos. 

Ana sabe escuchar. Nadie sabe escuchar como ella. Cuando tú estás mal, buscas a Ana. Ella te dice "Imagínate con 90 años al lado de tu chimenea, sereno, echando la vista atrás y te ves ahora con 30 dándole vueltas a la cabeza por nimiedades ¿cómo te sentirías?"
Ana es la calma que necesitas cuando tu alma se desestabiliza. Es el empujón que necesitas cuando te paras. El frescor cuando sudas, el abrigo cuando tiemblas.
Ana te da un abrazo de los de verdad cuando lo necesitas y no duda en solicitarte uno si es ella la atormentada.
Ana es ese sentir que nos hace lagrimear como una niña. Ese sentir que nos saca una carcajada que nos parte los riñones. Ese sentir que nos hincha como un pez globo.
Esa es Ana. 

Ana es otra tú y otra yo, pero mejor que ambos.


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miércoles, 5 de agosto de 2015

Capítulo 7: "La fiesta"


- ¿Y si nada más llegar la gente, lo primero que ve es un maravilloso árbol que da litros de cerveza fresquitos?
- Ostía! eso sería brutal!. Pero veo un problema Raúl.
-Dispara.
- ¿Cómo ponemos los litros colgados del árbol para que parezca que el árbol los da cual manzanas?
- Colgados con cuerdecitas.
- Ya, pero pesan mucho. Pueden tronchar las ramitas.
- Jummmm. Cierto... Ya está!, va a ser un árbol de botellines fresquitos.
- Eso sí. Qué maravilla!
- Sí, hay que enfriarlos bien y poner unos cuantos para recibir a la gente. Llegan pillan el suyo y a beber.

Raúl cumpliría 30 el próximo Viernes. Y la quería liar bien grande. Organizar algo que todos recordaran. Que se clavara en los sueños de todos. Que esos 30 años se inmortalicen como los lanzazos de los espartanos. Que se parta el tiempo y el espacio y solo quepa respirar felicitina a garrafas.

Si de por sí, Raúl tiene la capacidad de convertir en leyenda cualquier reunión casual, sus fiestas eran apoteósicas. Se le ocurrían cosas relocas y mágicas que solo una mente, fruto de la combinación de un niño sueñerino con la de un esquizofrénico harto de LSD, puede maquinar.

Sus fiestas normalmente se realizaba en la residencia de sus padres, que todos conocían como "La parcela". Un lugar que invitaba a recordar paisajes del bosque de Lothlórien de "El señor de los anillos". Nada malo podía ocurrir en ese lugar. Árboles frutales, césped, enredaderas por los muros, infinidad de rosales y macetas y por supuesto alguna que otra planta de marihuana de la cosecha de Abril. Una pajarera de madera con asientos "chill out" para relajarse. Bancos de madera cuyo interior sirven de toalleros. Un juego de altavoces tamaño ve-preparando-los-oídos-y-el-retumbar-en-el-pecho. Un pequeño huerto con tomates y lechugas. Una piscina con focos y una escalera curva donde Raúl había enamorado a más de una. Un cobertizo con un techo forrado de tejas de color rojo sangre, donde Raúl solía subir de noche como los gatos, a observar las estrellas y fumar. Estos eran los trocitos de felicidad que componían el entorno de las fiestas, entre otros rinconcitos únicos que daban encanto a la residencia.

Raúl mandaba invitaciones ingeniosas en papel envejecido con café, con los bordes quemados, por correo ordinario a cada participante. Las sellaba con cera roja caliente. Incluía una imagen abstracta de una mujer alcanzando la luna, o la de una gota de agua sobre el cristal de una jarra de cerveza. Preparaba un "setlist" de música que él mismo categorizaba como "música de buen-rollismo" (normalmente Reggae, Ragga, Metal melódico y Funk). Colocaba monitores por los muros para visualizar los videoclips. Sembraba la entrada a la fiesta con antorchas encendidas. Apuntalaba carteles con mensajes de ensueño y fantasía, del estilo : "Tierra a la vista, el tesoro está cerca" o "Del devenir de los sentidos y el quehacer de la esquina inferior izquierda del interior del muslo de tu dama"

El tan apreciado día por todos los amigos de Raúl llegó. La triada Raúl, Fran y Ana llegaron 3 horas antes para preparar el escenario. Sobre las 23:00 empezaron a llegar el resto de los invitados, 23 en total.

Nada más llegar, La parcela te recibe con el olor a la dama de noche que se encuentra en la entrada. La fragancia augura maravillas en la oscuridad. El camino se ilumina por el bambaleo de las antorchas; el fuego te recuerda a lo más visceral de la tierra. Conforme avanzas el retumbar de los subgraves te hace palpitar al ritmo de Skindred. Suena Nobody: "..music we make to make the crowd jump up..." la noche se pone interesante. Al fondo dos focos en la arena llaman la atención. Apuntan hacia lo que parece ser un naranjo, pero....pero...no tiene naranjas, sino botellines de cerveza colgados listos para beber. "Este Raúl, puto loco" piensas sin parar con una sonrisa que te da la vuelta y se abrocha en la nuca. La piscina resplandece en la noche, el alcohol va y viene. Las niñas se han puesto sus mejores galas, se han pintado con ese estilo hippie-alternativo-arreglado que enamora a Raúl. Los chicos danzan con vaqueros desgastados con cadenas sustentadas en el cinturón y un halo de humo a su alrededor.

Esa noche Raúl está especialmente atractivo o eso es lo que piensa Ana.
Con el devenir de las cervezas y la magia de las conversaciones de la noche, empieza a despertar algo en el interior de Ana que nunca antes había sentido. Se fija en Raúl de forma distinta, su amigo de siempre empezaba a situarse en una delgada línea del follamigo interesante. "No, no puede ser" se dice a sí misma. Mientras otra vocecilla en su cabeza le confiesa "sí sí, pero tú hoy te lo calzarías sin dudarlo".

De cara a la galería, eso se traduce en efectos psicosomáticos del siguiente orden: leve temblor en sus rodillas, miradas punzantes a Raúl mientras se muerde el labio inferior inconscientemente y cierta humedad inesperada en el fruto de su intimidad.
De repente se siente algo sofocada, se levanta y va a por otra cerveza.
Raúl percibe ciertas señales (es parte de sus habilidades chamánicas que su vida de pirata le ha ofrecido) Cuando Ana regresa, decide ponerla a prueba, rozando la frontera de la amistad.

- Ana, si pudieras elegir a cualquiera de tus amigos para acostarte con él, ¿con cuál te acostarías? Y no vale decirme a mí solo porque es mi cumpleaños.
- Y esa pregunta so pirata?!!! No existe ninguna respuesta adecuada para esa pregunta. Es una pregunta trampa.

Pero Raúl consiguió lo que quería. El lenguaje no verbal aclaró sus dudas. Ana respondía dando un capotazo muy elegante, pero su rostro se sonrojó levemente. Raúl conoce bien a Ana y sabe que no se sonroja con facilidad, ergo.....acaba de percibir que "le pone" de manera especial. "Interesante" piensa el cumpleañero, aunque no va a seguir apretando, al menos hoy no.

El final de la noche se aproxima. Alguna que otra pareja improvisada de la noche retoza en la piscina. Dos excedidos de la rubia burbujeante vomitan en la arena. La música ha parado pero se escucha una cancioncilla recitada por un artista improvisado que cree tener buena voz "Ohh líquido infernal que te crías entre verdes matas! Que hasta al hombre más cabal haces andar a gatas..."

El cantante se acerca a Rául.

- Perdona una pregunta. ¿Cómo consigues que estas fiestas sean tan de puta madre?
- Por la energía hermano.
- ¿Qué dices de la energía?
Raúl saborea el último sorbo de cerveza que deja víctima a su undécimo botellín. El árbol de botellines ya solo es un árbol desflorado.
- A ver. Normalmente cuando vamos a beber una cerveza lo pasamos bien. ¿verdad?
- Sí tío. La cerveza mola.
- Error. La cerveza no mola tanto. Lo que realmente te hace feliz es la energía que se desprende cuando dices "vamos a tomar una cerveza". Realmente lo que estás diciendo es "vamos a relajarnos un rato, desconectar, hablar sobre cosas agradables, escuchar música, coquetear, intimar, desinhibirnos, etc" ¿Comprendes?
- Creo que lo voy pillando.
- A la gente no les relaja fumar. Les relaja pensar que fumar relaja y fumar en consecuencia. Respirar profundo, descansar 5 minutos. Hacer el break. Pues con las fiestas es lo mismo. De nada sirve ponerse hasta las manillas de birras. O al menos no solo eso. Lo importante es la expectación, previa y la que se crea en sinergia durante el evento. Cuando una mujer se maquilla o tú te pones tu mejor camisa, no os estáis solo acicalando sin más. Estáis diciendo ahora es un puto momento especial en mi vida, mira, ¿me veis? voy guapa ehm. Eso es lo que hay. Piso el suelo y el mundo tiembla. Mira mi camisa, hoy irradio luz. ¿Vas pillando?
En los eventos la gracia es la misma. Yo no intento solo decirte "ven a mi casa, bebemos y escuchamos música" no, no y no. Yo os quiero decir: "sal de tu puta rutina, deja los mamoneos que  tengas atrás. Hoy se para el mundo. Hoy es un día mágico. Hoy eres Aquiles en Troya (sin premio mamona) Hoy las estrellas se alinean para que tú seas el protagonista. Siente de verdad, sin complejos. Coquetea. Siéntete único o única. Hoy eres preciosa aunque normalmente tengas complejos. Hoy es el día D a la hora H. No existe nada que merezca la pena que no ocurra aquí. Imagina cosas que normalmente no ves, porque en el fondo sabes que todo en la vida va a salir bien. Que te tiemble el alma como cuando ves a tu grupo preferido en directo. Enamórate de la noche como lo hiciste de esa niña a los dieciséis"

[La vena del cuello de Raúl se hincha y sus pupilas se dilatan por la exaltación]

 Yo os quiero decir: "Si existe algún propósito en la vida, es que esta noche estés aquí y sientas y vivas esto. Otro día no, HOY"
- Copón Raúl! El brebaje ese que sale de tu árbol te ha afectado al coco.
- Tú preguntaste hermano. Si no estás preparado para la respuesta....
- NO HAGAS LA PREGUNTA!!

Gritaron Ana, Fran y Raúl al unísono.

- Jajajajajajajajajajajajajaja.

Los cuatro rieron por más de dos horas o eso les pareció a ellos.

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jueves, 30 de julio de 2015

Capítulo 6: "Los cubos de mezcla se llenan hasta la mitad"

Ese domingo por la mañana la resaca apretaba.
Ese domingo a la mañana Fran calentó un poco de agua, medio limón exprimido para aderezar el vaso. El ibuprofeno le persigue. La cafetera perfumando la cocina con ese olor a grano tostado que solo el café consigue.
El dolor de cabeza achucha sin compasión. Patalea algo en el interior de la blanca muerte que actúa bajo presión.
Un poco de agua clara a la cara. Las polvorientas zapatillas de correr bien apretadas y a salir a la calle sin apenas morder. "Y si reviento que reviente", vagabundeaba su mente, pero hoy salgo a correr.
Las vetustas calles de Sevilla resplandecen a las 8 de la mañana. Conforme aumenta el ritmo cardiaco de Fran, suda bourbon que otrora bebiera con Ana.
De repente un "sinHogar" se tambalea en medio de la calle, su cabeza aterriza en el bordillo. Fran se apresura a ayudar con algo más que un bocadillo.
Emana sangre por la testa del despelucado. Fran se quita la sudadera y tapona la herida, trasciende el ser educado. Después de hora y media y la intervención del equipo de urgencias, Fran conversa con el ya recuperado.
- Hola. Ya tienes mejor color ¿cómo te encuentras señor?
- Hola muchacho. Bien, esto solo ha sido otra cicatriz que tacho.
- ¿Tienes casa o familia que te espere?
- Ni lo uno ni lo otro, nadie que me atienda cuando me opere.
Esa mano que  tu siempre añoras.
Que roza tu piel en la noche.
Que manifiesta tu amor sin derroche.
Que te atrapa el alma sin demora.
No hijo, no tengo ese calor humano que te enamora.
Cada segundo mientras lloras,
buscas su olor sin reproche.
Calma tu pesar dándole broche.
Respiro a contratiempo a todas horas.
- Bueno, dejemos que las penas se las lleve el viento. Cuéntame cómo te llamas ahora que estás atento.
- Resulta, pasa y acontece que no recuerdo mi nombre por más que me esmero, puedes llamarme el señor de los senderos.
Cada día en mi vida es una aventura. Duermo en un banco, bajo las estrellas o allá donde me lleve la fortuna.
Cruzo los pasajes sin importarle a los demás. Salto, fumo y bebo. Siento, vivo y sueño sin más.
Navego en las vías de mi destino, soy como tú y como aquel pero más consciente de mi camino.
Trabajé en mil y un sitios aprendiendo. Divagué sin entrar en el engranaje sufriendo.
Huí de ser otro espantapájaros. Y si quieres que prosiga, ya se acaba la poesía y la rima.

- Ok. Continua por favor.
- Maravilloso. Pues como te decía, de todos los sitios en los que he estado he aprendido. Aprendido mucho. Y el secreto para aprender no es optar a estar con grandes sabios o esperar a que te ocurran grandes cosas. El secreto es cambiar la perspectiva con la que usualmente vemos el mundo. Disfrutar de cada detalle. Escuchar, sentir mucho y hablar poco.
Cuando trabajé en la construcción aprendí más que a poner losas en el suelo. Aprendí que los cubos de mezcla no se llenan hasta arriba. Si los llenas mucho son muy pesados y además el oficial no los puede manejar con la misma soltura. La primera vez que llené un cubo se lo llevé orgulloso a mi oficial, bien hasta arriba para demostrar mi fuerza y dedicación. El oficial lo tiró al suelo y dijo "este no vale, tráeme otro". Después de sudar mi cara de sorpresa, lo entendí. Los cubos de mezcla se llenan hasta la mitad, y se dan más viajes.
La vida es igual. No se puede llenar la mochila de la experiencia con demasiada carga. Hay que dar viajecitos y aprender poco a poco. Si no, la carga se hace pesada. Hay que disfrutar de cada palada, de cada saco, de cada buche, de cada beso.
Con las mujeres es lo mismo, no tengas prisas por arrancarle las bragas. Espera a que llegue, huele su pelo y llénate con su fragancia. Todo cuenta. cada gota de sangre de mi camisa tiene su porqué.
- Bueno hasta ahí no amigo. Tú tienes sangre porque te has caído, por ir bebido.
- Tengo sangre porque ayer bebí buche a buche y respiré en cada uno de ellos. La consecuencia es solo eso, una consecuencia. De ellas también se aprende y se asumen. Dicen que cuando pides que llueva tienes que aguantarte con el barro. Yo lo asumo. ¿lo haces tú?
La verdadera esencia de todo esto es la perspectiva, la forma en la que observas la vida. Desde dentro o desde fuera. Yo aprendí a ver la vida desde dentro. Me veo a mi y de ahí para afuera. Después de fuera para adentro con un feedback maravilloso.
Es la naturaleza humana hermano, fea y bella a la vez. Tú decides que lado mirar. De ti depende con qué te quedas.

Yo sigo soñando, sigo rozando el aire a mi paso y seguiré haciéndolo. Ya siempre lleno los cubos hasta la mitad.

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jueves, 23 de julio de 2015

Capítulo 5: "Alcanzar la luna"

- Voy persiguiendo a la luna.

Dijo la joven niña de trenzas alocadas.
Linda risa aquella de la inexperiencia,
sonrojadas mejillas moteadas de pecas,
mirada dulce, inocente, plagada de ilusión.
Un sinfín de aventuras inundan su mente,
calan en lo más hondo, allá donde lo malo no puede acercarse.
las conexiones neuronales entraman un andamiaje hacía la fantasía,
hacía el sentimiento puro, hacia la verdadera esencia que a veces se deteriora con la edad.
La ingenuidad de la infancia consigue elevar los sueños de forma natural, simple y directa, sin necesidad de ansioliticos ni otros fármacos del estilo.
La niña sonríe, la infinitud de su alegría expresada en una sonrisa, cautiva el alma del cuarentón empresario.

- Pero no puedes alcanzar a la luna pequeña, está muy alta.

Traje italiano, maletín desgastado,
un pequeño tatuaje que asoma en la muñeca, debajo de los gemelos de su camisa.
En la silueta del tatuaje se aprecia una fina cicatriz, a la altura de donde el reloj suele descansar. Oculto, para no recordar traumas pasados anclados a la sin razón.
Voz áspera, fruto de años de castigar su hígado y sus pulmones.
El experimentado de la vida se encuentra en calma, se pregunta si es fruto de los antidepresivos o de la sonrisa de la niña.

- Pues sí, voy persiguiendo a la luna y sé que la voy a alcanzar, solo necesito correr más deprisa.

La joven salta más y más alto.

- Algún día la alcanzaré y entonces te dejaré verla un ratito.

El señor mira hacia arriba y descubre que es lo más inteligente que se puede hacer en una noche como esta.
Nunca hay que menospreciar la inmensa seriedad que tienen los niños cuando juegan.
El humo del cigarrillo se desliza hasta emborronar la luna llena...


-¡Ves, ves, si el humo puede llegar, yo también podré!

Finalizó la niña con la mirada llena de felicidad.

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miércoles, 15 de julio de 2015

Capítulo 4: "La tejedora de estrellas"

Profunda y turbia. Pequeñas porciones burbujeantes de felicidad.
La espuma baja, la garganta se humedece.
La estrechez del alma se dilata así como los vasos ... Como esos vasos que dilatan los vasodilatadores. No de esos vasos que forman el paradigma de ella.
De ella.
De esa rubia o tostada que media entre la camarera y el desdichado.
Esa que separa un abismo de apenas un metro, en el que el servidor y el servido establecen un pacto entre iguales.
En el centro de la sala Raúl, Ana y Fran. Es tarde, la mayoría de los clientes se han ido ya. 
Ana preciosa como siempre. No muy arreglada, no le hacía falta. Solo ese maravilloso perfume que encandilaba el alma de Fran y de algún que otro más. Unos labios bien tatuados de rojo. Poco más, que eso. El pelo suelto reía como ella, se movía como ella, danzaba como ella.
Fran estrenaba zapatillas nuevas. Le fascinaban sus zapatillas. Aunque odiaba ir de compras, ir a la caza de unas buenas zapatillas que marquen estilo con su caminar era otra historia. La semana anterior lo consiguió. Unas Adidas negras con líneas rojas. Calzaba su nueva adquisición con orgullo. Al igual que su vieja camisa de cuadros verdes Kurtcobiana, que heredó de su hermano mayor y que lleva formando parte de su vestuario como una década ya.
Raúl destacaba con una camisa negra bien abrochada, que funcionaban como un potente display social, elegante a la par que underground-alternativo.
El barman cerró las puertas. Solo quedaron dentro los clientes vip. Los ceniceros aparecieron en la barra como por arte de magia."Cryin like a bitch" de Godsmack sonaba por los "speakers". El trascendental arte de liar marihuana empezaba a germinar en el interior de la sala, al unísono con la bajada de intensidad de la luz de ambiente.
En el centro, la triada iluminada por Raúl. En la periferia una parejita de 20 añeros y tres moteros que balbucean algo referente a la camaradería y a la esencia de la amistad, mientras engullen con facilidad litros de cerveza.
Los focos reflejan el ambiente lleno de humo. El estribillo comienza "...but I've told you one to many times you were cryin like a bitch..."
La espuma de la cerveza empieza a rozar el fondo del vaso. Raúl, Fran y Ana  festejan momentos de su niñez entre las cálidas maderas del bar. Recuerdan detalles curiosos y significativos que marcaron parte de su vida y que se ubican en su infancia.
El tema de conversación lo inició Raúl. Como no, una de sus entrañables ideas que trascienden la noche, que hacen que los vecinos de charla peguen la oreja a la conversación y paren de hablar de fútbol y política.
De  nuevo Raúl lo volvió a conseguir, todo el bar pendiente de ellos. El talismán del chamán, una sonrisa embaucadora y un tema de conversación profundo y genuino.
Después de que Fran comentara detalles de cómo robaba naranjas de pequeño -siempre las naranjas robadas están más ricas- bromeaba Fran; y cómo Ana la partió el labio al abusón de su clase cuando intentó bajarle la falda, llegó el turno de Raúl. El tono de Raúl se tornó solemne, e inició una maravillosa historia que le fue contada por su padre cuando Raúl apenas tenía 10 años. La historia se convirtió en leyenda. La leyenda se fundió con el humo, adornando las notas de vida de esa noche.
Rápidamente los oyentes se metieron en su mundo. Raúl consiguió que vivieran la historia en primera persona. Bueno lo consiguió Raúl, el THC, el alcohol y la música.

-         Que por qué no debes estar despierto hasta tan tarde
¿Nunca has oído la leyenda de la tejedora de estrellas?

-          No padre, yo solo quiero ir a jugar con el resto de mis amigos al bosque.

-          Y podrás pequeño, y podrás, pero no más tarde de la puesta de sol, y menos aún a tan altas horas de la noche.

-          Bueno pues ya que no me dejas, cuéntame esa historia del teje estrellas.

-          ¡Tejedora de estrellas!
Su nombre es Duermedela y más te vale no tergiversar el nombre de una diosa. Porque esta leyenda narra la trágica historia de una de las diosas más bellas de todo el cosmos.
Su belleza solo es comparable con sus endemoniados actos que en el presente y desde hace algunos años lleva realizando bajo el velo de creer hacer lo correcto.

Duermedela siempre ha sido la encargada de mantener a las estrellas que esta noche podemos disfrutar en lo más alto del cielo. Desde allí arriba al lado de esa estrella que sobresale de las demás, ¿puedes verla?...

-          Sí padre.

-          …mientras una noche se deleitaba realizando su trabajo como la más hábil de todas las costureras, se enamoró de un mortal, que aliviaba el calor, que la fragua le infundía, en un lago cercano a la herrería en la que trabajaba. Allí con la luna como paradigma de la noche y el lago como un espejo del joven herrero, se produjo el eterno amor de la tejedora, que no tardó en ser mutuo.

Como una estrella fugaz la diosa bajó a la Tierra y encandiló al joven herrero.
Durante varias semanas Duermedela bajaba durante el día a recrear su amor con el muchacho, dado que por las noches se dedicaba a tan laborioso oficio como es el de mantener a las estrellas en el lugar que le corresponden.

-          Padre, ¿qué tiene que ver el amor entre una diosa y un hombre, para que yo no pueda salir a jugar por la noche?

-          La paciencia no es una de tus virtudes, pequeño, pero espera hasta el final.

-          Al igual que ocurre en la vida mundana, el amor entre dos personas puede ser quebrado por un tercero en discordia.
Hipnos, el dios que siempre había estado enamorado en secreto de Duermedela, observaba furioso, cómo un simple mortal se había ganado su corazón. Su furia era tal que hacía temblar en pesadillas a la mayoría de los seres vivos de esta tierra.

A modo de venganza, Hipnos maldijo al joven herrero a sumirse en la locura.
Cuando la tejedora se dio cuenta de que su amado había cambiado, se introdujo en lo más hondo que la tristeza permite.

No era él, apenas la reconocía, balbuceaba más que hablar y sin ninguna coherencia. Pero…, siempre hay un "pero" hijo, observó que mientras su amado dormía, se levantaba sonámbulo cada noche y para el asombro de la diosa, ¡era el mismo que antes!, su amante cuerdo que la deseaba, la amaba y bebía los vientos por ella.

Duermedela, ajena al motivo de tan extraños sucesos, quiso entender que esa, precisamente esa, era la naturaleza humana, solo son ellos mismos cuando duermen, su alma solo deja aflorar su verdadera naturaleza cuando nada los confunde, mientras, solo interpretan un papel para sobrevivir en sociedad que no deja de ser una locura.

Por tanto, encontró un remedio para la enfermedad de los humanos. Durante años Duermedela baja de los cielos por las noches cuando ha terminado sus labores y todas las estrellas están donde deben, y cuando encuentra a algún mortal despierto, lo funde en un sueño eterno para que sea él mismo, o al menos eso cree la desdichada tejedora de estrellas, forjadora del cielo.

Por eso pequeño impaciente, no puedes ir a jugar al bosque de noche, si te cruzas con una bellísima joven con un manto blanco y una larga melena azabache, puedes caer en un estado de profundo sueño del que nadie te podrá levantar jamás.

-          Entiendo padre. Siento pena por la pobre Duermedela. ¿Por qué no pudo terminar su historia de otra forma?


-          Con el tiempo aprenderás que el destino teje caprichosamente nuestras vidas, como Duermedela teje el manto estrellado.

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miércoles, 8 de julio de 2015

Capítulo 3: "Dejar de pintar"

Hubo un día en el que Fran ya no aguantaba más. Sus demonios se le hacían grandes. Sus problemas de ansiedad e incertidumbre vital se acentuaban. Poco tenía sentido ya para él. Empezó a beber en casa, beber solo, cosa que no solía hacer. Decidió continuar con su anestésico en el bar. Era jueves luego sabía a ciencia cierta que Raúl, Ana y quizás algún añadido de Raúl estaban allí.
Mientras terminaba de vestirse, empezó a pensar en voz alta, sin atender a que uno de los amigos de su pequeño sobrino había llegado a su casa.
- Deja mi alma en el andén, que se vaya lejos. que de mí se aparte. Que la aproveche otro, pues yo ya me he ido.
- ¿Y eso como puede hacerse?
- Ehhmm.....No lo sé pequeñajo, si encuentras la manera, dímelo. Pues solo una mente como la tuya virgen de todo pesar puede encontrar la solución a este entuerto.
- Hablas muy raro señor, ¡mejor voy a seguir dibujando!
- Dibuja pequeño, sueña con todo aquello que quieras, esa es tu gran virtud, que no te la arrebate nunca nadie. Yo mientras tanto seguiré envenenándome, pues tu sendero ya lo perdí tiempo atrás y lejos queda ya el camino de encauzarlo. Imagina mundos lejanos plagados de aventuras donde tu ser se desarrolle como el mejor de los héroes de fantasía. Conquista el corazón de esa doncella que te llena de ilusión y que crees que nunca la alcanzarás. Inventa tu máquina del tiempo y méate en la cara de todos esos cientificuchos que te dirán que es físicamente imposible. Diles que tu lo puedes todo. Abraza a tu madre y siéntete protegido, recogido en un mar de sensaciones donde lo único que cabe es ser feliz.
- Señor sigo sin entenderlo, y empiezas a darme miedo, no estés triste. Toma, coge el rotulador negro y sombrea el filo de la casa, que yo siempre me salgo.
- Normal que te asuste pequeño, ya te dejo tranquilo, se me olvidaba que con estos sin sentidos solo puedo contaminarte. Gracias por el rotulador, otro diita dibujo contigo.
- Señor creo que ya sé cómo se puede dejar el alma esa que tú dices en el tren... Solo tengo que crecer y dejar de pintar.
Fran entraba en el bar. Para su sorpresa Raúl no se encontraba allí, luego la sala no estaba iluminada de igual modo, la fiesta no era tal, pero a Fran ese día le bastaba. Pidió un Jack Daniels con cola y siguió bebiendo solo. Solo aunque rodeado de gente. Solo entre seres que presume no conocerá jamás. Solo entre ruidos que lo distrae de su mirada melancólica a la sombra que la luz de su copa proyecta en la barra del bar. Barra de bar desgastada, húmeda, oscura, apenas alumbrada por un pequeño foquito que cuelga tambaleante y risueño.
No hay relojes en la sala, maravillosa idea para no saber lo tarde que puede llegar a ser y seguir bebiendo. Beber, sentir el amargor a gasolina entrando a su sistema digestivo. Fran, bebe un trago largo, coge aire saborea el dolor y la amargura, y nota como su mente empieza a embotarse producto del alcohol. Un pequeño retazo de calma lo invade, la química no falla, la dopamina que genera el alcohol empieza a entrar en juego. La noche se pone interesante. A la vez que su coordinación empieza a flaquear.
Poco a poco continuó pensando en voz alta, maldecía a la vida, a la evolución del ser humano de tener conciencia de sí mismo, de estar dotado de la maldición del "awareness". Pronto Ana apareció. Fran lo supo sin verla por el olor a jazmín característico de su perfume. Fran amaba los olores en general y lo de las mujeres en particular. Pronto sintió la suave y firme mano de una amiga en la espalda.
- ¿Qué, empezando duro el jueves no? ya ni cervezas ni ná. Jacky por cuenta. ¡muyyyyy bien!. jajajajajaja.
La descarada sonrisa de Ana consiguió sacarle un brillo de felicidad a la amargura de Fran. Siempre lo conseguía. Pero ese día era demasiado para él.
- Me teeenggo que di Ana, que no toy hoy pa charla.
- Uff como hueles a alcohol hermano. Venga que te acompaño a casa.
- Que no!!!
La voz sobresalió por encima de la música. Uno de esos que se creen caballeros andantes fue a socorrer a la dama.
- Eeehh tú!! deja de molestar a la muchacha.
Fran no lo entendía. Que típico, de verdad pretendía ligarse a Ana de esa manera. En el fondo le daba pena del pobre bastardo que lo interrumpía en la conversación con su amiga y la simbiosis con su vaso con hielo.
- Aa ve túu. A ti que caarajo te passa. Te quie i ya al carajo hombre.
- Mira borracho te voy a decir una cosa...
-Fran lo interrumpió- Espera, espera, espera un momento que lo voy a puntá en mi bibreta de cosas que me importan UNA PUTA MIERDA!. A ver caballero andante. Don Quijote en busca de Dulcinea. Pégame con toda tu alma.
La música se paró, medio bar empezó a reírse de la contestación de Fran. Se avecinaba un puñetazo del caballero andante cuando de pronto el lustre del bate deslumbró a ambos implicados. Fran recibió la estocada del caballero que era inminente, el barman iba a poner punto y final a la disputa. Ambos se calmaron. metro noventa de camarero con un bate de béisbol es bastante efectivo solo con la presencia.
Ana cogió del brazo a Fran y lo sacó del bar. Todo se calmó. Mientras la música empezaba a sonar de nuevo, Fran gritaba, con un sabor en la boca mezcla de alcohol y sangre:
- Que le follen al mundo!!! Yo solo dejé de pintar joder! Solo dejé de pintar...


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