lunes, 27 de abril de 2020


Relatos desde el Santuario.

Parte 1: "Cuéntame algo bonito"

Susurros en la oscuridad parecen dar paso a un:

"cuéntame algo bonito"

Una bella forma de solicitar un paréntesis para el alma.
No quieres explicar qué te ocurre, solo quieres sentir o imaginar algo distinto.

"Cuéntame, Cuéntame algo bonito"

- La estrellas se hinchan en el cielo cada vez que te ven. Compiten por acercarse a la Tierra, con una vaga esperanza de poder contemplarte de cerca. El mar, ya en calma refleja la luz de una luna que hace de espejo de un sol ya dormido.
Allí a lo lejos, en el agua, los delfines transportan almas ancianas milenarias que custodian el océano. Estas almas viejitas, te protegen desde todos los puntos del mundo. Les hablan a las estrellas y árboles para que dancen contigo en tu pasear.
La copa de los árboles te dicen bajito al oído que respires con ellos, que todo va a salir bien, que todos somos uno y ese sufrir es solo parte de un entramado de ramas, que están a punto de soltarse. Soltarse, soltar, dejar la carga, liberarte de una mochila llena de cadenas.
Soltar, respirar hondo, conectar con una luz interna preciosísima. Luz que se expande desde tu interior hacia el resto de la habitación. Luz que invade la casa, sale por las ventanas y coloniza todo alrededor. La luz viaja hasta el mar, acompaña a los delfines que llevan las almas viejitas. La luz se ensancha por el aire y abraza a las estrellas y a los árboles que solo querían verte. Y ahora, ahora son parte de ti, y tú de ellas.-

"y tú, ¿me cuentas algo bonito?"



domingo, 26 de enero de 2020

Maestro del marketing avanzado.


El lagrimeo interno de esta tristeza empalagosa se vuelve rebelde. No soporta un "te quiero". Odia una caricia amable. Él, en su eterna avaricia, permanece constante como la cadencia del segundero de un reloj.

El lagrimeo interno te habla con tu propia voz. El hijo de puta es un maestro del marketing avanzado. Se conoce todas las estratagemas para anclarte a la locura. Susurra, grita, te abraza y te rasga el alma sin piedad. Pareciera que no se da cuenta que si yo no existo, él tampoco.

Las voces se tambalean, el viento de adentro lo remueve y lo lleva a cada rincón de tu pulso vital.

La voces llaman a tu puerta con un maletín de ideas sin sentido. Tú crees conocerlas y presumes que podrás combatirlas, pero el vendedor es experto. Él nace de lo peor de ti. Pelear contra él es como escupir hacia arriba. Al final te cae encima.

El vaivén de las turbulencias me zamarrean desde dentro; me pliegan por la mitad, con la misma facilidad con la que se doblan un par de calcetines.

¡Ay, benditas perlitas del día!. ¿dónde coño os habéis metido? venga, floreced un poco, no cuesta tanto, y a mí me dais "corazoncitos de vida".

 El elefante rosa gigante de la habitación oscura no puede ganar siempre, y yo... yo ya estoy cansado. Venga perlitas, asomar por la ventana. Abrid un boquete en el hormigón armado de la habitación para que se cuele algún rayito de luz. Venga perlitas, no dejadme solo. Que ya me he hecho chiquito y me saturé de jugar a ser grande.



jueves, 31 de octubre de 2019

Como cuchillas sin amo.

Escucho 300 voces y veo 100000 manos.

Las aparto y me centro en sus ojos. Intento perderme en esa mirada. Busco refugio en trincheras, fugaces como hadas.

13 manos negras me desgarran y me escupen humo. Me arrastran a un pozo que sabe a vómito y a grumo.

Preparo mis rituales chamánicos como druida, mas no le encuentro forma ni sentido a esta vida.

Respiro aún mudo. Hago acopio de todas las herramientas que forjé. Desenvaino la espada, aprieto el escudo.

Miro a la bestia a sus múltiples ojos y no me preocupo, me ocupo.

Vamos, aprieta, cabeza alta, mirada al frente, junta tus miedos en un ramo. Lame las lágrimas que chorrean y úsalas como fuel para lanzarte contra las voces, que se desperdigan como cuchillas sin amo.



miércoles, 15 de mayo de 2019

A mamá hobbit


A mamá hobbit.

Mamá luce un sombrero temporada primavera-verano, con un estilo soberano.

Mamá hobbit concentra en un metro y medio el amor de mil vidas.

Ella, que cada vez que sonríe  se rompen las farolas y crecen rosales, te abraza desde lo más profundo de su existir.

Mamá hobbit corta queso y te trae un platito, acompañado de un puñado de picos, para que no te bebas la cerveza sola. A ella le gusta que acompañes a la rubia burbujeante con algo de comida, y si no tienes hambre... pues te lo comes igual, ¡aunque sea sin pan!

Mamá hobbit tiene dibujado un mapa de carreteras en su barriga. Tres cesáreas y más configuran esas autovías, carreteras secundarias y estaciones de descanso.

Ella, que ríe y llora como ningún otro ser sabe, mueve sus macetas de sitio constantemente. Mamá entra en sintonía con sus plantas, las acurruca, les quita las "hojas feas", las riega, las cambia de tiesto, para que sus raíces respiren. Ella se pelea con sus plantas. Dice que tiene muchas, que generan mucha basura. Pero las quiere igual, como cuando te sale un "niño malo".

Mamá hobbit anda descalza por el huerto, pero a ti te dice que no lo hagas, que te terminarás pinchando.

Ella, que es todo corazón, usa camisetas heredadas de sus hijos. Esas "fresquitas" (gastadas y desechas) para andar por casa.

Mamá hobbit tiene muchos botes de cristal. Botes de conserva reciclados para guardar aceitunas, especias y caldo del puchero.

Mamá hobbit adora el café, aunque no le sienta muy bien. Y, es que ¡los nervios son tan puñeteros! Así que lo prepara mezclando café descafeinado y "café-café" , como ella lo llama, o, café "del bueno".

Mamá no duerme muy bien, pero cuando la ves descansar transmite una paz infinita, como cuando ves dormir a un bebé. A veces, pienso que mamá es una "bebezota" en un cuerpo de viejita. ¡Más linda ella!

Ella, que siempre te espera con los brazos abiertos, se pela cortito, aunque yo le diga que se deje el pelo largo y las canas. Pero es que se está tan fresquita...

Mamá hobbit me dice duende, o caminante, o tunante, o gorrión, como solo ella sabe decirlo.

Y es que mamá hobbit concentra en un metro y medio el amor de mil vidas.



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viernes, 28 de diciembre de 2018


Reciclado.

Lleva una camiseta de Nirvana desgastada por los años, una camiseta que no es suya sino mía. Siempre les quedan mejor mis camisetas a ellas que a mí.

La camiseta la adquirí en una tienda, que ya no existe, cuando apenas tenía 15 años. Tenía la ilusión de un niño el día de reyes. Ilusión que a veces me aflora ahora con casi 20 años más, tantos que ya empiezan a aflorar arrugas, achaques, falta de pelo donde debería y exceso donde no. Pero ahora no soy yo el importante, ahora es ella. Ella, que lleva mi camiseta desgastada con las costuras cedidas por un sin fin de conciertos encima.

La atmósfera del salón se enturbia con el humo de un vaper de esos que están de moda. Un vaper que proyecta aroma de café y caramelo. Un vaper que me recuerda lo patético que soy al autoengañarme de que dejaré de fumar.

Por los altavoces de un viejo equipo de música reciclado suena un cover de "I've got you under my skin" de Frank Sinatra. Sí, a veces me da por escuchar ese rollo melancólico que me hace empatizar conmigo mismo, si es que eso tiene sentido alguno. Ambos bebemos  Roibos con limón y canela en un vaso gigante que otrora era un frasco de miel.

Pero ni la música, ni el vapor de café y caramelo, ni el Roibos importa, ahora solo importa ella.
Ella, que lleva mi camiseta de Nirvana, sin nada más debajo. No existe cosa más linda para el viejo soñador que ella en este momento, una perfecta desconocida sin ropa interior con mi camiseta. Ella, que se recoge el pelo con un bolígrafo, que antes fue herramienta de frustraciones en periodos de oposiciones docentes.

Parece que en esta escena todo es reciclado, el viejo equipo de música de los ochenta, puenteado a mi portátil con un cable rca a minijack, el vaso-tarro de miel, el bolígrafo-orquilla de pelo, la canción de Frank Sinatra y mi ilusión por ser un niño que juega a ser adulto.

Pero, como decía, nada de eso importa, ahora solo importa ella. Ella que se empeña en conocerse-me. Ella, que en realidad no existe. Ella que no se sombrea los ojos de negro, ni se pinta los labios de rojo, ni puede salvar a nadie, ni grita para hacerse eterna.




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domingo, 21 de octubre de 2018


Capítulo 25: "Desastre ritual"

El caldo del puchero hierve con una pizca de jengibre molido. Mientras el caldo burbujea, Fran recuerda su procedencia, la creación de una madre que con mimo cocina para que "sobre". Una madre que ha pasado por tres cesáreas y ha superado un cáncer de estómago. La piel de su barriga parece un mapa de carreteras, pero cuando ella sonríe, lo hace como una niña pequeña ingenua y pura; y sus viejitas manos arrugadas abrazan como un suspiro de aire fresco en las mañanas de verano.

El caldo se calienta y Fran añade unos fideos, un poco de tabasco y pimienta negra. Fran comienza su ritual de cena con un cuenco negro y duro como su corazón. Vierte la mezcla y se dispone a disfrutar de esa esencia calentita que calmará su ser.

Si todo fuera tan fácil como comer y beber rico. ¡Dios, si todo fuera tan fácil!. Pero el ritual siempre termina en desastre. O al menos eso piensa él, cuando sus sombras lo atacan. "¡Son muchos años de lucha ya!" Grita mientras llora, sin acordarse de su evolución en positivo, de todo lo que ha avanzado. Esta soledad perpetua, aun rodeado de gente se agarra dura y fría.  

Ya no sirve ni apagar luces rojas, ni llenar los cubos de mezcla hasta la mitad, ni orar para que su abuelo, allí donde esté, lo cuide en este mundo, ni ser consciente del precio a pagar, ni hablar de cafés y beber sentimientos, ni disfrutar del amor líquido, ni soñar agarrar la luna, ni imaginar a Ana. Ya solo resta dejar de pintar.

El cóctel de fármacos empieza a hacer efecto. Esta vez Raúl no ha llegado a tiempo.
Fran se va "de vacaciones" hacia otro lugar, dejando en este mundo una cicatriz que nunca sanará en aquellos que lo quieren, o mejor dicho ... que lo querían.

Fin de Delirios del Chamán.


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domingo, 30 de septiembre de 2018


Capítulo 24: "Desmontarme en ti"

La bestia de los mil ojos hincaba sus tentáculos en el estómago de Fran. Él, mientras tanto, observaba impotente como derramaba sus tripas por el suelo de mármol del dormitorio.

Había demasiada sangre de color arena oscura. Fran no daba crédito a lo que estaba sucediendo. La bestia se acercó de un suspiro y miró a Fran a los ojos a menos de una cuarta, mientras su boca babeaba ácido, su aliento contaminaba el aire y su odio quebraba los huesos del soñador.

Le susurró algo en una lengua indescifrable y el alma de Fran dejó de iluminar. De pronto las muñecas de Fran se abrieron por sí solas, aunque el joven notaba el frío de una cuchilla de metal traspasando sus venas en vertical.

La pared del fondo de la habitación se derrumbó en un estallido y una luz ebullente traspasó la estancia.

Fran reconocía una silueta en medio de la fuerte luz. Era una niña pequeña. Una niña con coletas morenas como la noche y la cara moteada de pecas. Tenía los ojos azules como el cielo de la esperanza y estaba jugando con un pequeño oso de peluche mientras sonreía. "¡Alma, sal de aquí!" gritó Fran a la chiquitilla...

- "¡Despierta pequeño! solo es una pesadilla".

La mano suave de una joven agarraba la mano de Fran. Despertó empapado en sudor frío y llorando.

La noche anterior Fran se quedó a dormir en el piso de una vieja amiga de la infancia. Coincidieron en un concierto después de años sin verse. Tras una marabunta de conversaciones encadenadas con el objetivo de ponerse al día y aderezadas con varias cervezas, la joven invitó a Fran a dormir con ella. Fran le advirtió que no es buen compañero de sueños, ya que sufre de ansiedad e insomnio; pero parece que eso no amedrentó a la chica.

Mientras Fran fue al baño, la joven puso "Giorni dispari" de Ludovico Einaudi sonando a través de su nuevo Iphone. Ella sabía que a Fran le ayudaba escuchar a Ludovico para relajarse. Se recogió el pelo, se ajustó una camiseta de Fran, sin nada más debajo, dejando marcar su pecho y se encendió un cigarro de liar. Fran la miró con una sonrisa tras la vuelta del baño. "Parece que me conoces de toda la vida"  La chica le pasó el cigarro encendido a Fran. Mientras inhalaba profundo el resultado de una calada a conciencia, el joven hace unos segundos angustiado, ahora se preparaba para follar como solo un loco sabe hacer.

La chica tenía los ojos sombreados de un azul intenso. De ese azul que te taladra por dentro y te dispara la necesidad imperiosa de desmontarte en ella. Ella siempre le decía que prefería tener tierra en los pies y no los pies en la tierra y a Fran eso le encantaba.

Cuando pararon a descansar, Fran se dispuso a compartir su alma con ella como suele hacer cuando su cerebro se le llena de endorfinas y su espíritu se aplaca.

- "¿sabes? ... a veces, cuando estoy en esta situación, siento la necesidad de traspasarme en la persona que tengo al lado. Es como si quisiera dejar mi cuerpo y vivir por un instante dentro de la chica que tengo cerca para volver de nuevo en mí, siendo más consciente de todo. No sé si me explico"

- "No mucho, pero me encanta como me miras cuando lo dices. Para mí eso es más que suficiente, ¡jejeje! Yo ahora solo quiero que me rescates de vivir una vida cotidiana y sé que no es justo pedir algo así, pero es lo que pienso en este instante, aunque soy consciente de que probablemente no volvamos a coincidir en mucho tiempo. Por cierto, ahora estás sudando tanto como antes, pero este sudor de ahora es más cálido y me gusta más que el de hace un rato."

- "¡Jejejeje y a mí, dónde va a parar!"  

- "¿Puedes explicarme qué es lo que te pasaba en la pesadilla?"

- "Pues, es difícil de explicar, pero se siente como si tuvieras una piedra fría dentro del corazón que te empujara hacia el suelo. De todas formas, no te preocupes demasiado, cada uno vamos cargando con nuestra mochila y creo que a la mía ya le voy cogiendo cariño. Buenas noches pequeña y gracias por todo"

- "Buenas noches lindo, intenta descansar."


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